viernes, 17 de febrero de 2012

Un ‘fergie boy’ en el seminario

Por Sopenilla
Ryan Giggs renueva con 38 años. Beckham coquetea con les Champs-Élysées mientras luce palmito en Sunset Boulevard. A su lado, la carrera de Phil Mulryne es un camino inescrutable. De calzar botas de tacos a usar alzacuellos. Norirlandés, ex red devil, aficionado a las pintas durante las concentraciones y con una modelo bajo el brazo antes de ingresar en el seminario. Aunque sea tarde, George Best ya tiene quien le redima.

El crédito de Alex Ferguson se agota. Alguno dirá que son los años, los rumores insistentes sobre su relevo, la nueva competencia del vecino rico... O, algo peor, como esa extraña alianza de tories y whigs al frente de Downing Street. Para un laborista de cuna, esta imagen debe de resultar particularmente hiriente. Nada comparable con que uno de tus cachorros red se pervierta. La última afrenta no es que Victoria haya hecho de los ‘fergie boys’ unos metrosexuales, sino que la Iglesia también haya interferido en ese vestuario.

Phil Mulryne siempre fue uno de esos que no sale en las fotos. En la instantánea que retrató a la generación ‘Goldtrafford’ junto con ‘King’ Eric y Roy Keane, no había sitio para él. Pese a ser cómplice de la FA Youth Cup del 95, carecía del exotismo de Giggs, de un gemelo apellidado Neville, del pelazo de Beckham... Por no tener, no tenía siquiera los tonos 100% british de Paul Scholes o Nicky Butt. En un marco como el anterior, estaba claro que él rompía el cuadro.

A medio plazo, la ausencia en esa estampa no tardaría en revelarse premonitoria. Captado por sir Alex de su Belfast natal, Mulryne se topó en sus compañeros de promoción con el negativo de sus aspiraciones. Llegaría a debutar con el primer equipo, compartiendo alineación con Karel Poborsky, pero en partidos a menudo intrascendentes. Esos que marcan tu futuro con independencia del resultado. Abocado al rol de figurante en la League Cup, convino con Ferguson en buscar acomodo fuera de su regazo. Lo encontraría en Norwich en febrero de 1999 a cambio de 500.000 libras.

Mediocentro talentoso, Mulryne haría de los canaries el club que hoy deambula por la Premier League. De las cinco temporadas y media que vistió su camiseta, aún destaca el ascenso directo logrado en 2004, precedente inmediato del vivido hace nueve meses. El primer puesto alcanzado entonces, con ocho puntos de ventaja sobre el West Bromwich Albion, le consagró como una de las referencias del equipo.

Ese protagonismo, en otro tiempo negado, le abrió las puertas de la selección norirlandesa. Y, con la internacionalidad (27 en total), el minuto de gloria de su carrera por el que se le recuerda en youtube. El del cabezazo en Copenhague que igualaba un encuentro de clasificación para el mundial de Corea.

Una misa por George Best

Al margen de este ‘highlight’, a la altura del hat-trick de David Healy ante la España de Luis, su paso por la selección no dio más de sí dentro del campo. Fuera de los terrenos de juego, aún tendría minutos para reivindicar un puesto en el once. Como en aquella ocasión en la que se le ocurrió pirarse de noche del hotel para echarse unas pintas con unos amigos. Una escapada puntual saldada con la expulsión inmediata de la concentración.

Prescindiendo de esta idea feliz, lo cierto es que la vida de Mulryne por aquel entonces no tenía realmente nada de especial. Hasta salía con una novia modelo, Nicola Chapman, que había saltado a la fama por su participación en un reality para esposas (y/o parejas) de futbolistas.

Lo curioso es que una temprana retirada a los 34 años, fruto de las lesiones, haya dado con sus huesos en Roma. Con el peso en su conciencia de haber llevado una vida de pelotero, Mulryne empezó a desarrollar tareas asistenciales tras colgar las botas. Fue entonces cuando el obispo de Down and Connor, Noel Treanor, se planteó su posible fichaje para la diócesis. ¿Un futbolista norirlandés sacerdote católico? Demasiado tentador como para resistir. El propio prelado le sugirió la vocación... y el interpelado ya está en vías de ordenarse.

De no ser por el testimonio de Paul McVeigh, integrante del Norwich en los días de Mulryne, la llamada divina tendría visos de calentura. Pero, según confesaba el primero en su blog a la vuelta de un viaje a la ciudad eterna para visitar al ahora seminarista, una vocación fingida no estaría dispuesta a afrontar los dos años de filosofía y cuatro de teología exigidos para vestir sotana. Puede que sea tarde, pero la sola intención de ofrecer la primera misa por George Best es capaz de aplacar la espera.

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