sábado 7 de agosto de 2010

Vaticano vs Calcio: más rezos y menos Eto'o

Por Rocheteau
Desde luego que la Iglesia es una máquina de comunicación bien engrasada. Porque en plena resaca de los escándalos por la ocultación de violaciones en masa y worldwide por parte de seminaristas, curillas, señores párrocos y doctos obispos; con el islam y los evangélicos comiéndoles la tostada en las capas populares del Tercer Mundo y la COPE a punto de arrebatarle a Larry King y Christiane Amanpour a la CNN para su nueva temporada, la verdad es que hay que tener gente disponible para lanzarse a una cruzada contra los horarios del calcio.

En un arrebato florentiniano, a los dirigentes del fútbol italiano, les entró un ataque de cordura marketiniana para intentar arrebatarle algo de cuota de mercado a la Liga y la Premier (muy por encima en audiencia mundial) y decidieron fijar un partido semanal los domingos a las 12.30. De rebote, luchaban contra la violencia creciente en los estadios italianos, con una táctica british: a esa hora no hay borrachos, los críos no tienen problemas de horarios y se favorece el fútbol como espectáculo para todos los públicos.

Hete aquí que a la Santa Madre Iglesia no le gusta que el doblar de las campanas dominical se confunda con los alaridos del gol. Como luego los del AS nos acusan de manipuladores, y no queremos un conflicto semejante con el Vaticano, que lo explique Carlo Mazza, obispo de Fidenza, director de la Fundación Juan Pablo II para el Deporte y encargado en la Conferencia Episcopal Italiana de la pastoral tiempo libre, turismo y deporte (en el currículum no se precisa si con o sin sotana): “Creo que este anticipo a las 12.30 es verdaderamente deletéreo [adj. mortífero, venenoso. U. t. en sent. fig.] desde todos los puntos de vista, tanto para los jugadores que salen al campo como para la familia, el mayor problema”.

“Con partidos los sábados y los domingos, este untar fútbol en todo el tiempo del hombre y del domingo me parece forzado ”. Todo un hallazgo eso de “untar fútbol en el tiempo del hombre”, pero al Lyssavetzky vaticano le traiciona la insinceridad. No se atreve a decir que si ya va poca gente a misa, en competencia con el fútbol, los bancos de las iglesias van a parecer el estadio del Cosenza en un partido de Copa.

Pero para eso está Clauido Giuliodori, ex futbolista de Tercera y a la sazón obispo de Macerata: “El problema no es la misa. Nos parece excesiva la extensión de manifestaciones a lo largo del domingo, en perjuicio del tiempo para la familia, para las actividades sociales y para el rezo”. Claro, porque ahora que no hay fútbol a las 12.30, no se ve un italiano por la calle a esa hora: están todos de rodillas musitando salmodias.

Al infierno, con Gol TV

No es la primera incursión de la Iglesia contra el belcebú de las masas. Ya consiguieron (leer “No te cagues en Dios que gana la Juve”) que, a partir de esta temporada, una mínima blasfemia equivalga a una tarjeta roja. Los fanáticos de la acera de enfrente ya intentaron prohibir la camiseta del Inter (y del Huesca). Y en Israel, los de las trenzas ya intentaron forzar que la selección no juegue en sabbath.
Hace 15 años, la Iglesia italiana ya se levantó contra el horario de un partido, un peligrosísimo Atalanta-Udinese, jornada 30º, porque coincidía, a las 20.30h, con el Via Crucis del viernes santo. Al final, los del sagrario se salieron con la suya y el encuentro fue adelantado a las 18 horas.
A mí, personalmente, el domingo siempre me pareció un coñazo. No tengo nada en contra de que la gente se vista de negro y canten cogidos de las manos. Ni siquiera me parece peor ser monaguillo que boy scout. ¿Por qué la obsesión de las religiones en limitar la libertad? ¿Podrían dejar de preocuparse por nosotros, catetos desposeídos de luz divina, atávicos materialistas, embebidos hinchas furibundos en busca de nuestra dosis de pan y circo?

Si tan necesitado está el hombre de espiritualidad, que nos dejen elegir. Porque yo veo más inspiración divina en un control de Messi que en la casulla de un panzudo moralista. Y no me importaría ir al infierno si tienen Gol tv.

Igual, 15 años después, muerto el Papa que fue portero, Italia ya es capaz de decidir por sí misma a qué hora se juega un simple partido de fútbol. Y que en el Vaticano a alguien se le escape: “Con el calcio hemos topado”.

domingo 1 de agosto de 2010

Sarkozysmo futbolero: a la guerra, sin cascos

Hoarau, delantero PSG: "Critica, chucho, que no te escucho"
Por Rocheteau
Una epidemia de ley y orden se cierne sobre el fútbol francés. Los chicos malos que tiraron el Mundial por el desagüe en Sudáfrica han despertado una inesperada ola de sarkozysmo futbolístico. Los hinchas gritan: “¡mano dura con los niñatos!”. Y hay un presidente que ha decidido una vía intermedia entre el florido pensil y los famosos por su poca dulzura CRS (antidisturbios franceses): prohibir la estética rapera de los futbolistas franceses y empezar por los horrendos cascos XXL con los que escuchan música a todas horas.

Michel Guyot, presidente del recién ascendido Brest, fue el primero en sacar las espuelas. “La gente está harta de esos cascos y del desdén que suponen en público. Cuando nuestros jugadores salgan del autobús o del avión con los cascos les caerá una multa. En contacto con los hinchas, entonces estarán terminantemente prohibidos”.

El ejemplo de nuestro amigo Guyot, impagable: “Cuando Thierry Henry fue a ver al presidente de la República (Nicolas Sarkozy), no se los puso. En cambio, durante el Mundial no se los quitó. Eso significa que hay gente a la que se respeta, y yo deseo que nuestros espectadores lo sea”.

Es innegable que los franceses han hecho un mundial de mierda. Vale. En la selección nacional hay cuatro o cinco (de ellos, uno jugó en el Real Madrid y otro estuvo a punto de hacerlo) que si no hubiesen acabado corriendo delante del lateral habrían terminado haciéndolo delante de un gendarme. Vale. Y la mayoría de ellos necesita una educación o, en su defecto, un par de consejos sobre a) cómo comportarse, b) cómo vestirse, c) cómo hablar.

Pero pensar que prohibir los cascos de aparcaaviones va a servir para que estos chicos encuentren la recta vía es como si el presidente de la Federación Italiana prohíbe la gomina en los cráneos de los internacionales para que escarmienten después de su patético paso por Sudáfrica. Dicho lo cual, el trauma sería insoportable para algunos. Pero no creo que obedecieran más al entrenador ni que Iaquinta de repente supiese usar los pies.

Como camellos de The Wire

Lo que hace la Ligue 1 es simplemente copiar a la NBA, cuando David Stern decidió que tener una pléyade de estrellas vestidas como camellos de The Wire, portando armas en la guantera y fumando marihuana igual no era un buen negocio. Yo el argumento lo pongo en duda. Pero, en cualquier caso, Stern les obligó a ir vestidos “como Dios manda”, que se dice por aquí. Traje, corbata... y luego les siguen pillando con armas en la guantera y fumando marihuana, pero eso ya no hay quien lo controle.

En Francia no se trata de una decisión de la Liga, sino de cada club. Pero la medida del presi bretón gustó tanto que los demás se han subido al carro enseguida. El Olympique de Marsella también ha prohibido los famosos cascos del iPod en público. “El fútbol tiene que salir de la torre de marfil. Hay que hacer esfuerzos para abrirse a los que están a nuestro lado. Eso pasa por gestos simples”, dice Jean-Claude Dassier, presi del equipo marsellés, imitando a un psicólogo de programa de radio. Una teoría compartida por el nuevo seleccionador nacional, Laurent Blanc.

¿Y qué opinan los jugadores? Pues un tipo cabal como Mamadou Niang, al que además le gusta llevar cascos (ver foto izqda), considera que se trata de una chorrada efectista: "El año pasado, escuchando música en los cascos, ganamos el doblete en Marsella. Es para concentrarse. dicen que es porque daña nuestra imagen. La verdad, no veo la relación. No es culpa nuestra que Francia jugase mal en Sudáfrica. Además, no creo que por quitarse los cascos vayan a ganar el próximo Mundial".

Otros hasta lo han defendido, como el de Lorient, Loïc Fery: “Para el jugador, es una forma de entrar en una burbuja y concentrarse para el partido”. Pero el único que ha puesto un poco de sentido común sesentayochista es Gervais Martel, presidente de Lens: “Con una prohibición, pasamos de un extremo al otro. Mis jugadores no son imbéciles y entienden la necesidad de abrirse más el público”. Si la afirmación es cierta y sus jugadores no son imbéciles, vaya suerte tiene el presidente del club nordista. Lleven o no lleven cascos de aparcaaviones.

domingo 18 de julio de 2010

Dudek, un minero que no da ni chapa

Por Rocheteau
No entiendo qué le ha picado a los niños de esta época. Todos empeñados en broncearse como Cristiano Ronaldo, en soñar ser como Lionel Messi, en imitar a Iker Casillas (por motivos obvios). Estos mocosos no saben lo que es la vida. Si lo supieran, responderían sin pestañear: “Yo de mayor quiero ser Jerzy Dudek”.

No sabe lo que es un paparazzi. Sigue engordando su palmarés. Se sopla más de un millón de euros anuales. ¿Su trabajo? Calentar a Casillas una vez a la semana los domingos por la tarde y ponerse un chándal cada mañana para que los jugadores del Madrid sean pares en los partidillos.

¿Os habéis fijado en la sonrisa de Dudek? Beatífica. Celestial. Como de niño al que acaban de regalar su primer balón. Normal. El amigo ha jugado un partido de Liga en dos años, fue el portero del Alcorconazo y, con 37 palos, recibe una llamada del Real Madrid para renovar otro año más. Como para no sonreír...

Pero esa sonrisa esconde una historia que leí en un en un Fourfourtwo . Quizás Dudek sonríe porque nunca ha olvidado lo que le esperaba de no haber sido futbolista: un rostro lleno de hollín, una vida empujando camionetas y aspirando gases, una enfermedad respiratoria y probablemente una muerte entre los 50 y los 60. Y es que Jerzy fue minero.

Cuando tenía 17 años y jugaba de portero amateur en el club de su pueblo, Knurow, Dudek bajaba a la mina de carbón dos veces por semana como aprendiz. Lo explicó él mismo en The Guardian, cuando le preguntaron "¿Dónde estarías si no fueses futbolista?". "Probablemente, 60 metros bajo tierra. La minería está en nuestra sangre y estamos orgullosos de ello. Toda la gente que conocía eran mineros. En mi familia todos eran mineros".

Su precio: dos mineros

Le quedaban dos semanas para terminar las prácticas y convertirse en un currela más en la mina, cuando lo fichó un club de Tercera. Su precio: dos mineros. "El presidente me compró a cambio de dos aprendices de la mina que jugaban en ese club".

"La primera vez que bajé a la mina me sentí un guerrero. En mi pueblo, había 8.000 habitantes y todos trabajaban allí. No es sólo un trabajo, La gente lo adora. Es su identidad". No me lo imagino al bueno de Jerzy comentando la cuestión con los armanizados Guti o Beckham.

Todos los que conocen el vestuario del Madrid dicen que Dudek "hace grupo". Quizás eso también le viene de su pasado minero. "En la mina no puedes sobrevivir sin tu compañero. La gente se ayuda. Estamos todos unidos".

Y aunque no se le recuerda una buena parada en el Real Madrid, el tipo no pierde la fe. También cuestión de mineros. "La minería es como una religión y la religión es una parte de la minería. Los polacos son muy católicos y tienes que creer en algo si vas a bajar ahí todos los días. Tienes que pensar que Dios está de tu lado".

Por eso Dudek alucinó el día en que el verdadero ídolo polaco, Juan Pablo II (que en su juventud también fue guardameta) le recibió con motivo de un Italia-Polonia. Dudek, que ya había ganado la Champions (en aquella tanda ante el Milan donde resucitó los mimos simiescos de Grobelaar) y fue el elegido para entregarle al Papa una camiseta con su nombre a la espalda y, claro, el número uno. El portero del Madrid estaba tan nervioso... que la perdió en el trayecto al Vaticano.

Milan Baros, acojonado

Cuenta Dudek que él nunca se dio cuenta de lo que verdaderamente era una mina hasta que, ya futbolista invitó a varios amigos a su pueblo y organizó un descenso con Baros, Srmicek y otros. "Salieron acojonados. Es oscuro, estrecho y peligroso... pero un minero no piensa cada día en el peligro. Si no, no bajaría". Algo así como un portero no piensa que el Alcorcón te va a meter 4. Si no, no volvería a ponerse los guantes.

La verdad es que los mineros, esos carasnegras jugándose la vida por cuatro duros (zlotys, en el caso de los Dudek), siempre han suscitado la admiración del inconsciente colectivo. Unos pensarán en Los Miserables, otros en el "y templé mi corazón a pico y barrena", a cada cual lo suyo, pero los mineros han sido siempre algo así como los espartanos contemporáneos.

El fútbol tiene su ración de mineros: Raymond Kopa, el francés de origen polaco, trabajaba en la fosa 3 de la mina de Noeux, o Bill Shankly, el alma del Liverpool.Y ese misticismo tiznado de las minas ha convertido también a Tuilla en el pueblo más famoso de España. Pero Villa nunca bajó a las galerías. Era un travieso que no daba palo al agua, aunque su abuelo se llamase Trotsky y sacase el carbón a mordiscos de las entrañas asturianas. Dudek sí sabe lo que es apretar el botón y sentir el traqueteo mientras van pasando galerías.

Por eso el polaco sonríe en todas las fotos como el chaval al que le acaban de regalar su primer balón. Por eso el tío disfruta de su jubilación pagada por Florentino. Por eso está encantado de tener el mejor trabajo del mundo.

sábado 10 de julio de 2010

El pulpo Paul y otras diez tontunas ibéricas

Por Rocheteau
Con cada articulito simpático, con cada segundo de telediario, con cada Antonio Burgos haciendo metáforas políticas inspiradas en el pulpo Paul, consiguen que desarrolle pensamientos sádicos como desear que gane Holanda. Para que le den por culo al pulpo y a su legión de groupies, mitad hare-krishnas mitad red-necks ibéricos.

Y en cuanto a que Cuatro lo retransmita en directo... me parece el primer efecto secundario del aterrizaje de la próstata berlusconiana en la tele de Prisa. No sé qué ocurriría si Franco viviese, pero con Polanco a los mandos, alguno (¿o quizás sería mejor decir alguna?) habría perdido afortunadamente su puesto de trabajo.

Es inevitable que te guste el pulpo Paul si...

- Si crees que Lama y Carbonero escriben sus artículos y, sí, te gusta escuchar a Manolete.

- Si eres de los que hace la ola y saludas cuando te ves en el videomarcador (al menos, Forrest, la próxima vez saluda mirando a cámara, no al marcador)

- Si te parece que Higuaín es fallón, Casillas el mejor portero del mundo, que Touré Yaya sobra en la banda, que Simao da profundidad al Atlético y que no hay afición en Europa como la de tu equipo.

- Si eres de los que aseguraban que Richard Witschge, Martín Vázquez y Recoba, como epítomes del zurdo pusilánime, eran elegantes, prometedores e incomprendidos.

- Si te alegraste de la elección de López Caro para el Madrid porque “de una vez se iba a dar una oportunidad a la cantera”.

- Si te pone la piel de gallina una cursilada como ésta, leída (y, lo que es peor, escrita) en EL PAÍS: “Si el fútbol son los sentimientos, España representa el puro placer”.

- Si sigues creyendo que Joaquín (Valencia) es un talento desperdiciado y que Diego Tristán es un buen delantero y, por lo general, tu segundo equipo es el Cádiz porque te molan las chirigotas.

- Si te ríes con las metáforas de Miguel Serrano y crees que José Vicente Hernáez inventó la palabra gachó.

- Si te emociona la versión plácidodominguera del himno del Real Madrid.

- Si te compraste la gorra de Renault, el polo de McLaren y ahora vas a la playa con la camiseta de Ferrari.

viernes 18 de junio de 2010

Francia: perder una batalla, perder la guerra

Por Halftown (desde París)
Hoy hace exactamente 70 años, Charles De Gaulle exhortaba a los franceses a no rendirse jamás. Aquel “appel du 18 juin” desde la BBC londinense fue el primero de una serie de discursos destinados a mantener a flote la moral de un país que se iba a pique.

Anoche, los carros de combate alemanes no se paseaban sobre los Champs Elysées, pero reinaba el mismo ambiente. Sólo un grupo de mexicanos rompía el silencio, celebrando al grito de viva México cabrones -sin duda el mejor slogan publicitario que jamás tuvo un país- mientras se hacían fotos luciendo bandera tricolor frente al Arco del Triunfo.
Y eso que, por un momento, pareció que la Francia de Domenech iba a entonar su enésimo canto del cisne. Los bares estaban llenos. Más de 15 millones de franceses sintonizaron TF1. La Marsellesa sonó segura de sí misma. Incluso el capitán Evra dejó caer una lágrima al escuchar el himno de guerra francés.

Cuando por fin empezó la batalla, la pareja Gallas-Abidal fue tan estéril como la Línea Maginot. El equipo mexicano, como la Wehrmacht en 1940, pasó el rodillo sobre los franceses, que corrían como gallos guillotinados. Francia se iba de un Mundial en el que nunca debió estar.

Esperando a “Le Président”

Como dijo De Gaulle aquel lejano 18 de junio, nada está perdido para Francia. Los mismos medios que les han derrotado podrán devolverles un día la victoria. Cuando el heredero ideológico del Mariscal Pétain que tiene por entrenador se haya ido, Francia volverá a tener una razón para creer en sí misma.

Como Pétain, Domenech acabará sus días repudiado por su propio país. A diferencia del mariscal, el incapaz Raymond no tendrá mayor problema para encontrar asilo bajo el ala de algún emir con delirios de grandeza futbolística.
Su sucesor, el anhelado Laurent Blanc –apodado desde su época de jugador “Le Président”- tiene por delante la tarea de reconstruir un equipo hecho migas. Tendrá que jubilar a sus antiguos compañeros de armas Henry, Vieira y Gallas. Encontrar sangre fresca en Clairefontaine. Más importante aún, Blanc tendrá que empezar por encontrar una filosofía, un ideal para su equipo.

Hace 70 años, De Gaulle dijo que la guerra no había acabado tras la batalla de Francia, sino que era una guerra mundial. En efecto, hoy juega Inglaterra. Aux armes citoyens. The show must go on.

domingo 6 de junio de 2010

¡Los Borbones en las semifinales del Mundial!


Por Rocheteau
El Mundial terminó anteayer... y todavía no os habéis enterado. Miráis hacia la Copa del Mundo, os sabéis de memoria los 23 de la Roja y hasta el lateral izquierdo de Nigeria (sobre todo ahora que le sigue el Madrid, ¿no?), pero no habéis reparado en una pequeña isla de Malta de nombre sugerente, Gozo, donde el sábado Padania alzó la copa del “Mundial de los Pueblos sin Nación”.

No me estoy quedando con vosotros. Para los que no sepan de política italiana, Umberto Bossi es un xenófobo de montaña, que se inventó un partido al que llamó Liga Norte, un pueblo al que llamó Padania, más o menos la Italia al norte del Po, y se ha convertido en el más votado en la parte rica de Italia a base de prometer que hará que los cazadores se entrenen poniéndole a los inmigrantes africanos disfraces de conejo. Aquí lo llamamos nacionalismo. En Italia, regionalismo. Pena que no exista pueblerinismo.

Su hijo, Renzo Bossi, tiene la misma aversión que su padre por el tricolor italiano, las películas de Fellini y el acento de Roma. Pero mientras su padre es un desalmado listo con olfato político, su hijo es un necio al que sólo le gusta el fútbol. Y ahora es entrenador de la selección de Padania (era presidente de la federación padana, pero cual Piterman, terminó el campeonato sentándose él en el banquillo), que se impuso en un torneo de pantomima.

Más o menos como los deportes en plan rugby con pelotas de gomaespuma o hockey sobre lijas de bricomanía que se buscan algunos nacionalistas catalanes, con generosas subvenciones pagadas, entre otros, por charnegos, poner un equipo catalán y dar por culo al MARCA anunciando que Catalonia es World Champion de noséqué deporte.

¡Jugaron hasta los Borbones!

En la primera vuelta, Padania se enfrentó a Occitania y Gozo, mientras en el otro grupo estaban encuadrados el Reino de las Dos Sicilias (apodados los Borbones, por motivos históricos que harían este artículo demasiado largo, foto de la izqda.), el Kurdistán y Provenza. Vamos, como si suevos y alanos se echaran un mus esperando al vencedor de carolingios y arameos).

Al final, Padania se impuso al Kurdistán, como en las dos anteriores ocasiones, según relata en su crónica (sin coñas) el Corriere Della Sera, que habla de protestas de los kurdos por un penalti no pitado. Todo acabó con un apretón de manos entre los participantes, pero si los padanos de la Liga Norte hubieran visto a cuatro de esos kurdos por Varese, habrían llamado a sus milicias ciudadanas de "camisas verdes" para darles un escarmiento.

Yo la pregunta que me hago es por qué no estaban Catalunya, Euskadi, Galiza, parte del Bierzo y hasta la Canarias guanche. Seguramente porque con Piqué, Puyol, Xavi, Xabi Alonso, Javi Martínez, Cesc & co. ya comprometidos con Del Bosque, no iba a ser lo mismo. Oleguer no está convocado, así que hubiese ido encantado.

Además, no os penséis que es un torneo de tuercebotas. En Padania juegan Mauricio Ganz, ex del Inter y reconocido votante de la Liga Norte, y Fabian Valtolina, formado en el Milan y que hizo carrera en equipos de la zona media del calcio. El resto, jugadores de segunda y tercera.
Cuando Padania venció el torneo, Bossi Jr. llamó a Papá Umberto Bossi para contarle la buena nueva de su nación sin banco central, sin servicio de ambulancias y sin páginas amarillas propias. Umberto Bossi, aliado en el Gobierno de Berlusconi y con varios ministerios bajo su poder, no había podido asistir a la final de su Mundial porque estaba ocupadísimo con un evento de máxima importancia: la final de Miss Padania. Que alguien los pare.

lunes 24 de mayo de 2010

Destellos de una final neroblu

Por Rocheteau
La única teología que admite FNF es la de que Dios está en los detalles. Ya os sabéis la final del 1 al 90, los impuestos que pagará Mourinho en Madrid y el tralará llorón de los diarios deportivos sobre el malísimo catenaccio que se comió a la princesa del buen juego. Así que vamos a la otra final, la que no imagináis los que no estuvisteis allí, hecha de meadas inolvidables, lágrimas de viejo y estampitas de profetas, la geometría variable de sentimientos que hace de todos nosotros una banda de yonkis del fútbol.

Los primos de Eto’o. 8.45 horas de la mañana. Alrededores del Santiago Bernabéu. Andrea, milanés sin billete, va en búsqueda de su santo grial cuando se topa con tres armarios empotrados de tez negra, tapizados con una bandera de Camerún a la espalda y una bolsa de plástico con 100 entradas. Andrea sospecha que se trate de falsificaciones, pero se la entregan hasta precintadas. Usan un argumento de peso, casi más para espantar a un comprador que lo contrario: son primos de Eto’o. Le piden 800 euros. Al final le sacan lo que lleva en los bolsillos: 425. Andrea entró en el bernabéu. Sentado en la tercera fila. Junto al padre de Julio césar, los familiares de Maicon y, dos filas más atrás, los tres armarios empotrados de la mañana. Pues sí, eran primos de Eto’o sacándose un dinerillo.

La bufanda deshilachada. Quedan dos horas para el partido. Alessandro, rostro pecoso coronado por rizos pelirrojos, apenas nota los 25 grados de Madrid, y eso que cubre su cuello con una bufanda, tirando a fea, deshilachada, de abuela con poco gusto. Era una bufanda con franjas grises y negras, colores incomprensibles ayer. Al rato, a alguien la asalta la misma duda, pero tiene el valor de preguntarlo. “Alto, que esta bufanda vivió el 6-5 al Milán de 1949. Y las dos copas de Europa del 64 y el 65”. La piel se me eriza de repente. El 6 de noviembre de 1949, el Inter se fue al descanso perdiendo 1-4. En la segunda parte, se culminó la “remuntada”. Y esa bufanda ya molineaba al viento aquella noche. Casi me acerco a pedirle perdón por mi primera impresión de aquel ‘pezzo di stofa’ (trozo de tela). Ahora me siento como un peregrino ante la sábana santa. El rostro de ese interista se me ilumina como si estuviera ante el tiffosi más especial de la noche. Como si un tipo se hubiese hecho un parche en su cazadora vaquera con un Matisse y me lo enseñase mientras grita en honor a “la Madonnina”.

De apóstoles y meadas


Apóstol del profeta Mou. En el metro de Madrid, comienza una charla animada con un tipo al que llamaremos dottore. Es un alto dirigente de Tuttosport, diario deportivo turinés y algo así como el Pravda de la Juventus. Esto no sería nada llamativo de no ser porque el tipo va pertrechado con bufanda interista y echa mano de su cartera, de la que saca una estampita de José Mourinho, un trozo de papel con un marco como de artesonado dibujado en torno a su rostro, como si fuera una publicidad de los testigos de Jehová. Exactamente como si un dirigente de “Sport” llevase fotos de Florentino en su cartera. “Este hombre es mi profeta y yo predico su verbo en Turín”, afirma, tan pancho. Y yo me digo: “bendito país, Italia, el único lugar donde nada es previsible. Ni siquiera las personas”.

Lucia, non nata y ya interista. Antonio es interista desde la cuna. Le cae sobre la frente un flequillo un poco a la Bruno Conti. Su rostro es el de un tipo bien. Esas buenas personas que parecen tener un neón parpadeante sostenido en la frente que avisa: “Hey, soy un buen tío”. Empezamos a charlar. Me explica que ayer, 22 de mayo, estaba previsto el nacimiento de su primera hija, Lucia. Anonadado, mi silencio dibuja un granítico símbolo interrogativo sobre mi cabeza. “No, el ginecólogo nos dijo que todo iba bien, que lo más seguro es que aguantase un poco más. Pero nunca se sabe…”. Supongo que, si hubiese oído esa historia cualquier otro día, hubiese directamente creído estar frente a un enfermo, y lo siento por el neón. “No, no es que haya antepuesto el fútbol a mi hija, es que…”, se excusa, con el mismo gesto naïf, y no termina la frase. Y yo le entiendo. No sé por qué, pero pienso que Lucia, que será interista, estará orgullosa de su padre el día que le confiese que estuvo en Madrid aquel día de 2010. Que le habló desde el otro lado del vientre y le pidió que esperase. Que lo hiciese por su padre, por tanto sufrimiento acumulado, por tantos años en que las bandas negras de la camiseta parecían barrotes de infelicidad, que le diese 24 horas para cumplir un sueño perecedero, efímero pero tan intenso, antes de poder tocar otro, ése ya perenne, inagotable, infinito: el de ser padre. Lucia le escuchó.

Con tres años viendo la tv. El Inter ya va con ventaja. Y en la puerta del vomitorio (quién le pondría ese nombre a los accesos de un estadio), dos tipos adultos con dos pines del Inter en la solapa comparten silencios. Comparten el miedo. Comparten la tensión. Casi lo llamaría el abismo de la felicidad, tan lejanas parecen a veces las mieles en ciertos equipos. Tan habituados están a la desilusión, que cualquier buena noticia viene acogida con la desconfianza de quien está seguro que es sólo una jugarreta del destino para volver a mostrarle el dedo corazón. Parecen una pareja cómica de cine: el alto enjuto y el bajo rechoncho, ambos trajeados. Uno de ellos, el más joven, unos 50 años, aire a lo Wenger, empieza a contarnos casi sin que le preguntemos: “¿Sabes? Yo vi la final del 64. Delante de mi televisor en blanco y negro. Me lo contó mi madre. Mi padre no era interista, pero yo oía hablar de “la Grande Inter”, y quise verla. Allí sentado, en el salón, sin entender nada, viendo a Luisito Suárez, Facchetti, Corso…”. Cuando Milito marcó el 2-0, me giré. Estaban los dos compartiendo de nuevo el silencio, pero éste era un “sin palabras” diferente. El del que no encuentra cómo describir una ilusión parecida. Me pareció que el otro, chaparro, con bigote, tras las gafas, lloraba.

Inolvidable meada. El Inter es campeón de Europa. Ha pasado más de una hora desde el final del partido. Coincidimos cuatro personas en el mingitorio. Mi socio de la derecha, camiseta del Inter, se desahoga a dos metros del urinario, con un beatífico gesto de satisfacción incontrolada. El hombre parece estar echando la primera cañita tras su llegada al paraíso. De repente, suelta: “Joderrrr, la meada más inolvidable de mi vida”.

Ah, sí, anoche también hubo un partido de fútbol. Pero fue mucho menos interesante.