domingo, 20 de febrero de 2011

Cavani el miedica y otras italianadas

Por Rocheteau
A nadie le gusta que le pongan el cañón bien fresquito de una pistola en la boca cuando va a trabajar. La diferencia entre los futbolistas y el común de los palermitanos es que los de la pelota pueden elegir trabajar en otro sitio. Que se lo pregunten a Cavani, el delantero uruguayo del Nápoles que asombra a Europa con sus 20 goles.

Pero empecemos con Abel Hernández, también charrúa, también atacante, conducía el miércoles con destino a Boccadifalco, la ciudad deportiva del Palermo. Un motorista se le acercó, dio un giro brusco y provocó un accidente leve. Hernández salió de su imponente vehículo y se encontró a los pocos segundos mordiendo un cañón de pistola, sujetada por un tipo que había preferido dejarse el casco.

La escena era contemplada por todos los conductores que pasaban. Se ignora si llamaron o no a la Policía. Sí se sabe que en pocos minutos, a Abel Hernández le limpiaron lo que llevaba en billetes, una pulsera por valor de 20.000 euros (¿quién lleva pulseras por valor de 20.000 euros para ir a jugar al fútbol?), una diamante que llevaba como pendiente (¿quién se pone diamantes en las orejas para ir a jugar al fútbol?) y otro pendiente recuerdo de su madre (Imaginaos durante sólo un momento con un pendiente cualquiera de vuestra madre. En fin, dejemos los aspectos freudianos y concentrémonos en el fútbol que si no…).

Abel Hernández no pasó de una visita por comisaría para denunciar, unas declaraciones tópicas (“mucho miedo pero qué fantástica es la gente de Palermo”. Ya, seguro que el ladrón era tifoso del Catania) y la promesa de que no cambiaría de club. Porque en la entidad rosa y negra ya estaban temblando al recordar lo acontecido con Edinson Cavani, el nueve uruguayo que tiene al Nápoles en lo alto de la Serie A y se parece a Rivaldo en la cara, con brackets de adolescente fan de Britney Spears y melena de aborigen.

En la misma carretera donde limpiaron a Abel Hernández, en diciembre de 2009, otro motorista rodaba junto al coche de Cavani. No le sacaron ni un euro, pero le estropearon el coche a cadenazos, y el killer llamó esa noche al presidente Zamparini para pedirle el traspaso. Vamos, que nueve seguro que es, pero 'killer', poquito.

Seis meses después fichaba por el Nápoles y el resto de la historia ya se conoce. Cavani se fue de Málaga a Malagón, pero en Nápoles ya se han preocupado de que los chicos no molesten a Cavani, que les puede dar el primer título desde que dejasen de ver la melena rizada de Diego Armando Maradona.

Coda: Gattuso vs 'El tiburón'

Gattuso es un ignorante y lo reconoce. Ya que no conoce la historia de su país, al menos alguien debería enseñar a Gennaro la historia del Milan AC. Entonces seguro que habría oído hablar del desdentado de aquí al lado. Joe Jordan. Conocido en San Siro como “lo squallo” (“el tiburón”), por su irredento carácter (seguro que no por los incisivos que le faltaban)

Marcó 12 goles en 52 partidos. Marcó en tres mundiales diferentes. En su tercer y último año en Italia jugó en el mítico Verona del 83 que consiguió quizás la última epopeya modesta del fútbol italiano y logró el scudetto con Elkjaer Larsen.

Esta semana Gattuso se enfrentó a él, ahora adjunto de Redknapp en el Tottenham, y le dio un cabezazo. Lo dicho. Gattuso, no es que seas bruto. Es que eres un ignorante

lunes, 31 de enero de 2011

"Mourinho, vete al teatro". Y Guti, y Kaká...

Por Rocheteau
Roman Abramovich ha aprendido a gastar algo mejor sus rublos. Ya no sólo le regala obras de arte multimillonarias a su novia hortera y adquiere delanteros inservibles como Shevchenko; ahora acaba de plantar una estatua de dos metros de Jozef Stalin en pleno St- Martins Lane.

La cosa tiene truco. Abramovich ha esponsorizado a la famosa compañía de teatro rusa Sovremennik para llevar a Londres seis representaciones de Dentro del torbellino. La obra cuenta en primera persona la estancia en un gulag de la escritora Eugenia Ginzburg, a la que se acusó de trotskista.

Cuando se supo que Abramovich iba a patrocinar una obra llamada Dentro del torbellino, la gente pensó de inmediato en un sainete contando la explosión del Chelsea de Ancelotti, que tiene el mismo balance fuera de casa que el Newcastle y tiene que ponerse la mano en la frente a modo de visera para atisbar al ManU a diez puntos de distancia. Pero no, se trataba de Stalin…

En FNF caben la cultura, la dramaturgia y mucho más, pero tampoco es cuestión de pasarse. Así que ahora que al rico más rico del fútbol mundial le ha dado por ilustrar a las masas, le proponemos una serie de magnas obras con las que explicar a las masas más ilustradas la cosa futbolera.

EL MISÁNTROPO: Abramovich lo tiene fácil para encarnar la figura de Alceste. Basta vestir con sus ropajes de la época de Luis XIV a José Mourinho. No sólo por su desprecio a la especie humana (en concreto si son entrenadores de fútbol), sino por su convicción de tener que decir la verdad siempre, a todo el mundo y en cualquier contexto. La educación para él es hipocresía. Vamos, que a Molière le faltó poner a Alceste a entrenar al Madrid, haciendo signos con tres dedos en Milán, corriendo entre aspersores del Camp Nou y largándose de una rueda de prensa. El resto, lo clavó [y así ya nadie volverá a gritarle "Mourinho, vete al teatro, Mourinho vete al teatro..."]

EL ENFERMO IMAGINARIO: Molière lo llamó Argan, pero quiso decir Prosinecki. La versión de Abramovich sebería ser actualizada, y convertir a Kaká en su hipocondriaco protagonista, aquejado de todos los males posibles e imaginables. Y con razón. Porque en el estreno del libreto, Molière hacía él mismo de Argan. Gravemente enfermo, intentaba ocultar su estado, pero en la cuarta representación se desmayó, cayó el telón y Molière, al poco, falleció. Iba de amarillo. Como Kaká. Que murió como jugador en el Mundial 2010. Descanse en paz.

MUERTE ACCIDENTAL DE UN ANARQUISTA. No será el anarquista Giuseppe Pinelli el protagonista de esta obra cómico-política de Dario Fo, sino José María Gutiérrez Hernández, Guti. Que tampoco caerá “accidentalmente” de una ventana en comisaría, sino que morirá seguro en un partido en Turquía, cuando un hincha lance una bengala, que golpeará en la esquina del marcador, y se colará entre varios defensores, siguiendo una trayectoria única, como un mágico, algebraico y medido pase del 14, hasta clavársele en medio de un tatuaje maorí, cual joven Werther versión playa de Ibiza.

ESTO ES ASÍ Y NO ME JODÁIS. Vaya por adelantado. Rodrigo García me parece un fantoche. El enfant terrible del caca-culo-pedo-pis ‘asustaburgueses’ sólo sabe poner carne humana, sexo, heces y animales torturados para justificar una fama exagerada, pero ahora imaginad a Ricardo Carvalho y John Terry en un paraje desolado, tipo “La Carretera” de Cormac McCarthy. Los dos comiendo vísceras con sus manos. Aniquilando las últimas formas de vida humana. Despojándoles de dignidad y tibias, poco importa el orden. Sí… sí, os gusta, reconocedlo…

HISTORIA DE UNA ESCALERA: Un vodevil sobre los muchos equipos que viven embutidos en una escalera, que si Primera, que si Segunda. Igual que en la vecindad de la obra de Buero-Vallejo, los Levante, Numancia, Valladolid, Murcia viven siempre con el bolsillo apretado y haciendo de la necesidad, virtud. Esa clase obrera del fútbol con poca esperanza de progreso condenada a vivir subiendo y bajando por la escalera.

ESCUADRA HACIA LA MUERTE. Los personajes de esta adaptación de la obra de Alfonso Sastre irán todos vestidos de rojo, hablarán con acento de Liverpool y la acción comenzará justo cuando Rafa Benítez abandona el banquillo en Anfield. Al final el cabo y los cinco soldados acaban matándose entre ellos.

LA CASA DE BERNARDA ALBA. Ha sido recordar la obra de García Lorca y pensar en Lotina, Lendoiro y el Depor. Que algunos jugadores salen de la casa, sí, pero son todos austeros, grises y recatados como los que vendrán. La disciplina de refajo, la moral de antaño, ese gesto del siglo XIX, la frente de fraile, los 60 años resecados, la mala hostia por arrobas, ya no son cosa de Bernarda Alba, sino de Lotina, espíritu rector de ese convento futbolístico. Que vistan de negro o blanquiazul es lo de menos.

AQUÍ NO PAGA NADIE. Obrita magnífica de Dario Fo sobre las vicisitudes del Hércules, interpretada por Drenthe. Es más, diantre, hagamos un musical rap, que eso se vende bien en los teatros londinenses. Además de las lacrimógenas historias de los jugadores que tuvieron que empeñar su Ferrari, como Trezeguet, para comprarle otro a sus hijos, se puede hacer una segunda trama versión El Padrino con Enrique Ortiz, consejero delegado del Hércules e implicado en la operación Brugal de sobornos a políticos.

De Bollywood sé poco, pero el que controle, que encuentre la que mejor le vaya al Rácing de Santander

martes, 14 de diciembre de 2010

Krasic y el puente roto entre Serbia y Kosovo

Por Rocheteau
Nuestra historia empieza con una frase simple: Kosovsko Mitrovica era una ciudad con dos puentes. Pero estalló la guerra de Kosovo. La dinamita voló en pedazos el puente del oeste en 1999. El odio y los francotiradores inutilizaron el puente del este. Y la vida, como las frases, dejó de ser simple en Kosovsko Mitrovica.

Milos Krasic, extremo izquierdo de la Juventus, entonces era sólo un chaval y todavía recuerda cómo los miles de serbios que vivían al sur del puente se mudaron al norte, y tantos vecinos kosovares partieron al sur, cuando empezaron las miradas aviesas. Siguieron los linchamientos. Luego se impusieron los tiros. “Antes, cruzar el puente era normal. En el otro lado tenía compañeros de escuela. Hasta 1999 no fue una ciudad dividida”.

Krasic dejó de ver a sus amigos del otro lado y quedó una línea de aire sobre el río Ibar, una frontera hecha de nada, que se convirtió en el confín mental de dos pueblos enfrentados. De la nada hacia el sur, Kosovo. De la nada hacia el norte, Serbia. Y lo que era una ciudad con dos puentes, sus 15.000 serbios al norte y sus 65.000 kosovares al sur, se convirtió en la primera trinchera de la guerra.

Este domingo Krasic salvó a la Juve ante la Lazio con un gol en el último minuto. Krasic, el hombre “casi”. Casi tan bueno como Nedved, casi tan desequilibrante como Nedved, casi con el disparo de Nedved, casi con la melena tan tupida como Nedved…

A esa misma hora, cerraban los colegios electorales de Kosovo en las primeras elecciones de su historia. Las ganó un oscuro personaje, Hasim Thaci, ex líder del Ejército de Liberación de Kosovo (EKK), acusado ayer por el diario británico The Guardian de haber organizado una red criminal de tráfico de armas y órganos humanos (extraídos, por si alguien necesita detalles, a los prisioneros serbios de la época) y de seguir controlando el crimen organizado en una zona con elecciones pero todavía sin ley.

Con Jovanovic bajo las bombas

Pese a todo, los buenos siempre fueron los kosovares. Los malos, los serbios. Por eso el 17 de febrero de 2008 la comunidad internacional, tan enemiga de los secesionismos, terminó permitiendo la discutible independencia de Kosovo (que, si no es Serbia, es Albania pero no un país independiente).

Seguramente los serbios son tan malos como nos contaban. Pero los kosovares quizás no tan buenos. El caso es que cinco años después de la reconstrucción (con un rígido reclutamiento de un obrero kosovar por cada obrero serbio) del ahora flamante puente oeste de Mitrovica, los serbios de la mitad norte siguen pensando como Krasic: “Sé que hay mucho odio pero entiendo que los serbios sigan pensando que Kosovo forma parte de su patria. No quieren sentirse extranjeros en su propia tierra: pelearán por seguir allí”.

Estas declaraciones de Krasic, por cierto, abrieron el suplemento de deportes del diario italiano “La Repubblica”. Imaginemos, ¡oh, sacrilegio!, una entrevista política con un futbolista serbio ocupando el lugar de Xavi, Cristiano, Pep y Mourinho en las aperturas de nuestras secciones deportivas.

Con 14 años, Krasic partió a Novi Sad, para jugar en la Vojvodina. Con Jovanovic, hoy en el Liverpool, subieron al techo de su residencia. Allí vieron cómo las fuerzas de la OTAN volaban el puente de la libertad que unía las dos orillas de la ciudad. Jovanovic le convenció para que se resguardaran. Krasic seguía allí, petrificado. “Tenía más miedo por los demás que por mí”, dice hoy. No era la primera vez que veía un puente saltar en pedazos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Mediapunta y apadrinado por Cosa Nostra

Por Rocheteau
El 29 de junio de 2010, el Tribunal de apelación de Palermo condenó a siete años al todavía senador Marcello dell’Utri, mano derecha de Silvio Berlusconi, por “participación externa en asociación mafiosa”. El juez consideró probado que Dell’Utri era el enlace entre Totò Riina, Bernardo Provenzano y su jefe, a la sazón presidente del Milan, Silvio Berlusconi.

Tres semanas antes, Gaetano d’Agostino, hábil centrocampista ofensivo del Udinese, firmaba su nuevo contrato de tres años con la Fiorentina.

¿La relación entre ambos hechos? Rebobinemos 16 años en el metraje de la enfangada política italiana y empleemos sólo declaraciones bajo juramento del proceso a Dell’Utri.

En 1992, según comprobó la polícía en la agenda de Dell’Utri, éste habría recibido un aviso de un comerciante de nombre Carmelo Barone, del barrio palermitano de Brancaccio, sobre la necesidad de probar en el Milan a Gaetano D’Agostino, de entonces 10 años, como pago de unos favores.

En diciembre de 2003, Giuseppe d’Agostino, padre de Gaetano, habla con los hermanos Graviano, dos “boss” mafiosos prófugos de la Justicia que escondía en su casa. Es decir, ante los ojos de su hijo. Como moneda de cambio sólo pide una prueba para su hijo en el Milan, según explicó en el aula judicial el fiscal general.

En el 1994, los Graviano activan la maquinaria y hablan con su enlace Dell’Utri. Berlusconi es el puente de la política, pero también del fútbol. Bajo testimonio, Francesco Zagatti, uno de los responsables de la cantera rossonera, reconoció que el senador fue quien les dijo que había que ver a ese chaval siciliano que marcaba goles como uvas en las categorías inferiores del Palermo.

En enero, el crío D’Agostino se enfunda las botas en Milanello y, amenazas mafiosas aparte, encandila a los preparadores del club lombardo. Ese mismo día, la policía detiene en Milán, donde habían acompañado al pequeño, a su padre Giuseppe y a los dos hermanos Graviano. Lo que ahuyenta a los dirigentes milanistas que deciden correr un tupido velo y no fichar a D’Agostino, quizás para no relacionar de forma más directa a Dell’Utri con los arrestados.

Destino final: Fiorentina

D’Agostino pasó por la Roma, triunfó en el septentrional Udinese, lejos de las tierras de Cosa Nostra, y fue hasta internacional. Ironías del destino, el Milan estuvo a punto de ficharlo el pasado verano por unos cuantos millones de euros, aunque al final se lo llevó la Fiorentina.

La cuestión ya saltó a los medios hace un año, aunque quizá no con tanto detalle. La novedad es que se acaban de conocer los detalles de la sentencia. En su argumentación, el juez culpa a Dell’Utri de complicidad con la mafia, pero lo absuelve de los delitos más graves (un pacto electoral entre Berlusconi y los jefes mafiosos y la complcidad en los atentados del 92 contra Falcone y Borsellino) pero también de haber intentado enchufar a Gaetano D’Agostino. A pesar de la confirmación de los responsables de la cantera, de la agenda de Dell’Utri y del resto de pruebas.

Silvio Berlusconi ha sido objeto de investigación en 21 procesos judiciales. Tres veces se salvó por prescripción del delito. Dos por amnistías gubernamentales. Siete veces fue absuelto. Siete procesos más fueron archivados. Quedan tres en curso, uno de los cuales (el caso Mills, el más grave) ha intentado anular con dos leyes ad personam en la presente legislatura. Nunca ha sido condenado por una sentencia firme.

Lógicamente, no hay duda de que a Gaetano d’Agostino la mafia nunca intentó ‘enchufarlo’ en el Milan a través de Dell’Utri. Lo dice la Justicia. No seais malpensados.

martes, 23 de noviembre de 2010

Córcega, fútbol a ritmo de kalashnikov

Por Rocheteau
Estamos todos de acuerdo en la profunda trascendencia de 22 tipos disputándose un balón a patadas. Me pregunto entonces qué es el fútbol salpimentado con ráfagas de kalashnikov por el control del tráfico de drogas (¿y del fútbol?) en el sur de Córcega. Un lugar donde el tiki-taka no es un estilo de juego, sino el sonido del percutor.

El AC Ajaccio es un club ascensor de la Ligue 1 francesa, que lleva cuatro años ya encallado en la Segunda y no paladea el éxito desde que partiese Sebastián Squillacci, a principios de la década. “Un populu, una cità, una squadra”, reza su lema. El Athlétic Club Ajaccio, a pesar de su anglófona denominación, trasuda nacionalismo corso y su presidente, desde julio de 2008, es un tal Alain Orsoni. Algo así como si Arnaldo Otegi presidiese dentro de unos añitos la Real Sociedad (ambos, por cierto, tienen en sus currículos sendas condenas por apología del terrorismo).

Orsoni se dio a conocer en 1975 en la acción contestatario-terrorista fundadora del movimiento indepentista corso, en la que murieron dos gendarmes. Fue arrestado años más tarde por ametrallar la embajada de Irán, como miembro del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC). Y ésos son sólo algunos de sus méritos como gudari mediterráneo.

Es cierto que el independentismo corso siempre ha estado teñido con ribetes de mafia pseudo-marsellesa más que de movimiento con reivindicaciones políticas, al estilo de ETA o el IRA. Escisiones, guerras internas por el control de los tráficos de armas y drogas, peleas clandestinas… de las que Orsoni, más cuco que otros convencidos compadres, se salió a mediados de los 80 para dedicarse a la política y a sus florencientes negocios. A su hermano no le dio tiempo. Militante del FLNC, lo asesinaron en el 83. Su hijo lleva 14 meses en la clandestinidad y la policía lo considera sospechoso de asesinato. Pero Alain Orsoni no hay partido que no disfrute en el palco del Stade François Coty, que los nacionalistas prefieren llamar Timozzolo.

De ex terrorista a presidente del Ajaccio

Si este grupo de ex terroristas y hampones se hubiese dedicado al transporte de flores o la venta de piscinas prefabricadas, este artículo no tendría razón de ser. Hete aquí que Orsoni y sus amigos, entre ellos Antoine Nivaggioni, montaron, ¡oh, sorpresa!, una empresa de servicios de seguridad. Tenían callo.

Ni qué decir que les llovieron clientes solícitos y entusiastas sin cartas de extorsión ni otros gastos de franqueo postal. La gente entendió a la primera que era mejor que pagar el impuesto revolucionario, además de forma legal y hasta te ponían un ‘segurata’ en la puerta.

El dinero llama al dinero, y el dinero al cuadrado, al mal gusto y al fútbol. Este viejo adagio marbellí se cumplió al dedillo con Orsoni y Nivaggioni, notos futboleros, notos ex terroristas y, después, notos presidente y directivo del AJ Ajaccio, respectivamente.

El 22 de octubre pasado, jugadores del AC Ajaccio, con sus banderas bretonas blanquinegras en ristre y una foto gigante en el centro del terreno de juego, rindieron homenaje a Nivaggioni. ¿Por qué? El 18 de octubre, dos encapuchados que saltaron de una camioneta lo machacaron a ráfagas de metralleta, mientras un tercero lo remataba surgiendo de un portaequipajes instalado en el techo del vehículo. A la corsa.

Mediocentro sin clase pero con gatillo

Nivaggioni, otro balarrasa, se fugó en 2007, la víspera del día en que la Policía había decidido detenerle. Catorce meses vivió escondido de la Justicia. En enero de 2009 fue detenido y en septiembre puesto en libertad por un error de procedimiento.

¿Qué tiene que ver todo esto con el fútbol? Aparentemente nada, pero…

El 18 de octubre, la policía francesa detuvo a tres hombres como cómplices del asesinato. Entre ellos Christophe Ettori. Uno de esos tipos con capacidad para ser futbolista. Y sin talento para ser un futbolista. Eso que en las divisiones inferiores se llama mediocentro pero resulta ser todo lo contrario a Xabi Alonso. Con la edad, seguía sin talento, pero además sin velocidad. Y se reconvirtió en defensa central.

Ettori dividió su carrera entre la segunda y la tercera, jugó en Toulon, Toulouse y Créteil y llegó a probar en el AEK Larnaca chipriota. En 2007 recaló en el Gazélec Ajaccio, club de regional donde este año comenzaba como director técnico. El Gazelec es el rival emotivo en Ajaccio del AC (fueron fundados ambos en 1910), aunque a años luz en nivel deportivo. Ettori no podía ni ver a Nivaggioni, de un clan rival, en lo nacionalista, y en lo futbolístico. Ahora ve los partidos del Ajaccio en la televisión de su celda.

¿Qué tiene esto que ver con el fútbol? Seguramente nada, pero es mucho más interesante que 22 tipos disputándose un balón a patadas.

sábado, 7 de agosto de 2010

Vaticano vs Calcio: más rezos y menos Eto'o

Por Rocheteau
Desde luego que la Iglesia es una máquina de comunicación bien engrasada. Porque en plena resaca de los escándalos por la ocultación de violaciones en masa y worldwide por parte de seminaristas, curillas, señores párrocos y doctos obispos; con el islam y los evangélicos comiéndoles la tostada en las capas populares del Tercer Mundo y la COPE a punto de arrebatarle a Larry King y Christiane Amanpour a la CNN para su nueva temporada, la verdad es que hay que tener gente disponible para lanzarse a una cruzada contra los horarios del calcio.

En un arrebato florentiniano, a los dirigentes del fútbol italiano, les entró un ataque de cordura marketiniana para intentar arrebatarle algo de cuota de mercado a la Liga y la Premier (muy por encima en audiencia mundial) y decidieron fijar un partido semanal los domingos a las 12.30. De rebote, luchaban contra la violencia creciente en los estadios italianos, con una táctica british: a esa hora no hay borrachos, los críos no tienen problemas de horarios y se favorece el fútbol como espectáculo para todos los públicos.

Hete aquí que a la Santa Madre Iglesia no le gusta que el doblar de las campanas dominical se confunda con los alaridos del gol. Como luego los del AS nos acusan de manipuladores, y no queremos un conflicto semejante con el Vaticano, que lo explique Carlo Mazza, obispo de Fidenza, director de la Fundación Juan Pablo II para el Deporte y encargado en la Conferencia Episcopal Italiana de la pastoral tiempo libre, turismo y deporte (en el currículum no se precisa si con o sin sotana): “Creo que este anticipo a las 12.30 es verdaderamente deletéreo [adj. mortífero, venenoso. U. t. en sent. fig.] desde todos los puntos de vista, tanto para los jugadores que salen al campo como para la familia, el mayor problema”.

“Con partidos los sábados y los domingos, este untar fútbol en todo el tiempo del hombre y del domingo me parece forzado ”. Todo un hallazgo eso de “untar fútbol en el tiempo del hombre”, pero al Lyssavetzky vaticano le traiciona la insinceridad. No se atreve a decir que si ya va poca gente a misa, en competencia con el fútbol, los bancos de las iglesias van a parecer el estadio del Cosenza en un partido de Copa.

Pero para eso está Clauido Giuliodori, ex futbolista de Tercera y a la sazón obispo de Macerata: “El problema no es la misa. Nos parece excesiva la extensión de manifestaciones a lo largo del domingo, en perjuicio del tiempo para la familia, para las actividades sociales y para el rezo”. Claro, porque ahora que no hay fútbol a las 12.30, no se ve un italiano por la calle a esa hora: están todos de rodillas musitando salmodias.

Al infierno, con Gol TV

No es la primera incursión de la Iglesia contra el belcebú de las masas. Ya consiguieron (leer “No te cagues en Dios que gana la Juve”) que, a partir de esta temporada, una mínima blasfemia equivalga a una tarjeta roja. Los fanáticos de la acera de enfrente ya intentaron prohibir la camiseta del Inter (y del Huesca). Y en Israel, los de las trenzas ya intentaron forzar que la selección no juegue en sabbath.
Hace 15 años, la Iglesia italiana ya se levantó contra el horario de un partido, un peligrosísimo Atalanta-Udinese, jornada 30º, porque coincidía, a las 20.30h, con el Via Crucis del viernes santo. Al final, los del sagrario se salieron con la suya y el encuentro fue adelantado a las 18 horas.
A mí, personalmente, el domingo siempre me pareció un coñazo. No tengo nada en contra de que la gente se vista de negro y canten cogidos de las manos. Ni siquiera me parece peor ser monaguillo que boy scout. ¿Por qué la obsesión de las religiones en limitar la libertad? ¿Podrían dejar de preocuparse por nosotros, catetos desposeídos de luz divina, atávicos materialistas, embebidos hinchas furibundos en busca de nuestra dosis de pan y circo?

Si tan necesitado está el hombre de espiritualidad, que nos dejen elegir. Porque yo veo más inspiración divina en un control de Messi que en la casulla de un panzudo moralista. Y no me importaría ir al infierno si tienen Gol tv.

Igual, 15 años después, muerto el Papa que fue portero, Italia ya es capaz de decidir por sí misma a qué hora se juega un simple partido de fútbol. Y que en el Vaticano a alguien se le escape: “Con el calcio hemos topado”.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sarkozysmo futbolero: a la guerra, sin cascos

Hoarau, delantero PSG: "Critica, chucho, que no te escucho"
Por Rocheteau
Una epidemia de ley y orden se cierne sobre el fútbol francés. Los chicos malos que tiraron el Mundial por el desagüe en Sudáfrica han despertado una inesperada ola de sarkozysmo futbolístico. Los hinchas gritan: “¡mano dura con los niñatos!”. Y hay un presidente que ha decidido una vía intermedia entre el florido pensil y los famosos por su poca dulzura CRS (antidisturbios franceses): prohibir la estética rapera de los futbolistas franceses y empezar por los horrendos cascos XXL con los que escuchan música a todas horas.

Michel Guyot, presidente del recién ascendido Brest, fue el primero en sacar las espuelas. “La gente está harta de esos cascos y del desdén que suponen en público. Cuando nuestros jugadores salgan del autobús o del avión con los cascos les caerá una multa. En contacto con los hinchas, entonces estarán terminantemente prohibidos”.

El ejemplo de nuestro amigo Guyot, impagable: “Cuando Thierry Henry fue a ver al presidente de la República (Nicolas Sarkozy), no se los puso. En cambio, durante el Mundial no se los quitó. Eso significa que hay gente a la que se respeta, y yo deseo que nuestros espectadores lo sea”.

Es innegable que los franceses han hecho un mundial de mierda. Vale. En la selección nacional hay cuatro o cinco (de ellos, uno jugó en el Real Madrid y otro estuvo a punto de hacerlo) que si no hubiesen acabado corriendo delante del lateral habrían terminado haciéndolo delante de un gendarme. Vale. Y la mayoría de ellos necesita una educación o, en su defecto, un par de consejos sobre a) cómo comportarse, b) cómo vestirse, c) cómo hablar.

Pero pensar que prohibir los cascos de aparcaaviones va a servir para que estos chicos encuentren la recta vía es como si el presidente de la Federación Italiana prohíbe la gomina en los cráneos de los internacionales para que escarmienten después de su patético paso por Sudáfrica. Dicho lo cual, el trauma sería insoportable para algunos. Pero no creo que obedecieran más al entrenador ni que Iaquinta de repente supiese usar los pies.

Como camellos de The Wire

Lo que hace la Ligue 1 es simplemente copiar a la NBA, cuando David Stern decidió que tener una pléyade de estrellas vestidas como camellos de The Wire, portando armas en la guantera y fumando marihuana igual no era un buen negocio. Yo el argumento lo pongo en duda. Pero, en cualquier caso, Stern les obligó a ir vestidos “como Dios manda”, que se dice por aquí. Traje, corbata... y luego les siguen pillando con armas en la guantera y fumando marihuana, pero eso ya no hay quien lo controle.

En Francia no se trata de una decisión de la Liga, sino de cada club. Pero la medida del presi bretón gustó tanto que los demás se han subido al carro enseguida. El Olympique de Marsella también ha prohibido los famosos cascos del iPod en público. “El fútbol tiene que salir de la torre de marfil. Hay que hacer esfuerzos para abrirse a los que están a nuestro lado. Eso pasa por gestos simples”, dice Jean-Claude Dassier, presi del equipo marsellés, imitando a un psicólogo de programa de radio. Una teoría compartida por el nuevo seleccionador nacional, Laurent Blanc.

¿Y qué opinan los jugadores? Pues un tipo cabal como Mamadou Niang, al que además le gusta llevar cascos (ver foto izqda), considera que se trata de una chorrada efectista: "El año pasado, escuchando música en los cascos, ganamos el doblete en Marsella. Es para concentrarse. dicen que es porque daña nuestra imagen. La verdad, no veo la relación. No es culpa nuestra que Francia jugase mal en Sudáfrica. Además, no creo que por quitarse los cascos vayan a ganar el próximo Mundial".

Otros hasta lo han defendido, como el de Lorient, Loïc Fery: “Para el jugador, es una forma de entrar en una burbuja y concentrarse para el partido”. Pero el único que ha puesto un poco de sentido común sesentayochista es Gervais Martel, presidente de Lens: “Con una prohibición, pasamos de un extremo al otro. Mis jugadores no son imbéciles y entienden la necesidad de abrirse más el público”. Si la afirmación es cierta y sus jugadores no son imbéciles, vaya suerte tiene el presidente del club nordista. Lleven o no lleven cascos de aparcaaviones.