viernes, 17 de febrero de 2012

Un ‘fergie boy’ en el seminario

Por Sopenilla
Ryan Giggs renueva con 38 años. Beckham coquetea con les Champs-Élysées mientras luce palmito en Sunset Boulevard. A su lado, la carrera de Phil Mulryne es un camino inescrutable. De calzar botas de tacos a usar alzacuellos. Norirlandés, ex red devil, aficionado a las pintas durante las concentraciones y con una modelo bajo el brazo antes de ingresar en el seminario. Aunque sea tarde, George Best ya tiene quien le redima.

El crédito de Alex Ferguson se agota. Alguno dirá que son los años, los rumores insistentes sobre su relevo, la nueva competencia del vecino rico... O, algo peor, como esa extraña alianza de tories y whigs al frente de Downing Street. Para un laborista de cuna, esta imagen debe de resultar particularmente hiriente. Nada comparable con que uno de tus cachorros red se pervierta. La última afrenta no es que Victoria haya hecho de los ‘fergie boys’ unos metrosexuales, sino que la Iglesia también haya interferido en ese vestuario.

Phil Mulryne siempre fue uno de esos que no sale en las fotos. En la instantánea que retrató a la generación ‘Goldtrafford’ junto con ‘King’ Eric y Roy Keane, no había sitio para él. Pese a ser cómplice de la FA Youth Cup del 95, carecía del exotismo de Giggs, de un gemelo apellidado Neville, del pelazo de Beckham... Por no tener, no tenía siquiera los tonos 100% british de Paul Scholes o Nicky Butt. En un marco como el anterior, estaba claro que él rompía el cuadro.

A medio plazo, la ausencia en esa estampa no tardaría en revelarse premonitoria. Captado por sir Alex de su Belfast natal, Mulryne se topó en sus compañeros de promoción con el negativo de sus aspiraciones. Llegaría a debutar con el primer equipo, compartiendo alineación con Karel Poborsky, pero en partidos a menudo intrascendentes. Esos que marcan tu futuro con independencia del resultado. Abocado al rol de figurante en la League Cup, convino con Ferguson en buscar acomodo fuera de su regazo. Lo encontraría en Norwich en febrero de 1999 a cambio de 500.000 libras.

Mediocentro talentoso, Mulryne haría de los canaries el club que hoy deambula por la Premier League. De las cinco temporadas y media que vistió su camiseta, aún destaca el ascenso directo logrado en 2004, precedente inmediato del vivido hace nueve meses. El primer puesto alcanzado entonces, con ocho puntos de ventaja sobre el West Bromwich Albion, le consagró como una de las referencias del equipo.

Ese protagonismo, en otro tiempo negado, le abrió las puertas de la selección norirlandesa. Y, con la internacionalidad (27 en total), el minuto de gloria de su carrera por el que se le recuerda en youtube. El del cabezazo en Copenhague que igualaba un encuentro de clasificación para el mundial de Corea.

Una misa por George Best

Al margen de este ‘highlight’, a la altura del hat-trick de David Healy ante la España de Luis, su paso por la selección no dio más de sí dentro del campo. Fuera de los terrenos de juego, aún tendría minutos para reivindicar un puesto en el once. Como en aquella ocasión en la que se le ocurrió pirarse de noche del hotel para echarse unas pintas con unos amigos. Una escapada puntual saldada con la expulsión inmediata de la concentración.

Prescindiendo de esta idea feliz, lo cierto es que la vida de Mulryne por aquel entonces no tenía realmente nada de especial. Hasta salía con una novia modelo, Nicola Chapman, que había saltado a la fama por su participación en un reality para esposas (y/o parejas) de futbolistas.

Lo curioso es que una temprana retirada a los 34 años, fruto de las lesiones, haya dado con sus huesos en Roma. Con el peso en su conciencia de haber llevado una vida de pelotero, Mulryne empezó a desarrollar tareas asistenciales tras colgar las botas. Fue entonces cuando el obispo de Down and Connor, Noel Treanor, se planteó su posible fichaje para la diócesis. ¿Un futbolista norirlandés sacerdote católico? Demasiado tentador como para resistir. El propio prelado le sugirió la vocación... y el interpelado ya está en vías de ordenarse.

De no ser por el testimonio de Paul McVeigh, integrante del Norwich en los días de Mulryne, la llamada divina tendría visos de calentura. Pero, según confesaba el primero en su blog a la vuelta de un viaje a la ciudad eterna para visitar al ahora seminarista, una vocación fingida no estaría dispuesta a afrontar los dos años de filosofía y cuatro de teología exigidos para vestir sotana. Puede que sea tarde, pero la sola intención de ofrecer la primera misa por George Best es capaz de aplacar la espera.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El Spiderman de Saint Etienne se resiste a jubilarse

Por Halftown
Además de por la deportación masiva de rumanos y por sus arrumacos con Angela Merkel, si por algo será recordado el gobierno Sarkozy en Francia es por el aumento de la edad de jubilación, que pasa de 60 a 62 años. A Jérémie Janot todavía le queda mucho tiempo para alcanzar esa edad, pero se acerca a su equivalente futbolístico.

Jérémie Janot, un portero de esos capaces de sacar una mano mágica para acto seguido hacer una pifia épica, llegó en 1993 al Saint Etienne. Por ponerlo en perspectiva, lleva en el club desde que el PSG se ventiló al Madrid en la UEFA o que nació el athleticzale Jonas Ramalho.

Un tipo que apenas levanta 176 centímetros del suelo no podía tener una carrera fácil como portero. De hecho, Janot se pasó sus primeras temporadas en viendo los toros desde la barrera. No fue hasta 2002, con el equipo en segunda y 25 años cumplidos, que consiguió hacerse con un hueco de titular en el once del Sainté.

Desde el retorno del club a la Ligue 1, Janot atrajo la atención de la Francia futbolera más que por sus paradas, por sus excentricidades: en 2004 se hizo un tribal en la parte de atrás de su cabeza rapada que, cuentan, significa « fuerza y determinación ». El diseño del tatuaje se lo copió a su gran ídolo, el brasileno Wanderlei Silva, luchador de Free Fight (una mezcla de artes marciales y boxeo en la que se reparten hostias como panes) cariñosamente apodado « El Asesino del Hacha ».

Portero, populista y politico

Internacionalmente, sin embargo, Janot es conocido por su disfraz de Spiderman con el que apareció a jugar un partido la temporada 2004-2005, mascara en la foto pre-partido incluida. En medio del show, a Janot le dio tiempo a establecer un nuevo récord de imbatibilidad como local en la Ligue 1, al pasarse 1534 minutos sin encajar un gol en el estadio Geoffroy-Guichard. Incluso llegó a sonar para la portería de la selección francesa, como sustituto natural de otro payaso bajo palos como Sebastien Barthez.

La afición del Saint Etienne, aburrida de coleccionar temporadas grises desde los años en que Rocheteau y Platini vestían de verde, disfruta con la personalidad de Janot. Y él aviva el fuego a base de demagogia populista a cada derbi contra el Olympique de Lyon.

Quizá también sea por populismo –desde principios de noviembre se esta construyendo una segunda mezquita en la ciudad- que Janot lleva un tiempo flirteando con la idea de hacer un ribéry y convertirse al islam.

Esta temporada, con el fichaje del ex del descendido Monaco Ruffier, Janot ha dejado de jugar. Asumido su nuevo papel secundario pero con mono de partidos, el portero ha buscado uno político apoyando al candidato del centrista MoDem, François Bayrou. Paradójica elección: Bayrou votó en contra de retrasar la edad de jubilación de los franceses.

martes, 28 de junio de 2011

La ‘noche triste’ de Puebla

Por Sopenilla
Junio de 1986. La ola recorría el estadio Azteca; la ‘furia española’, las calles de todo México. Tras formarse en Querétaro, Puebla aguardaba a que rompiera más allá de semifinales. La leyenda negra lo evitó, pero lo peor vino con la resaca. Una selección que vestía de rojo y se reconocía de derechas, ni pudo votar en las generales ni consiguió llevarse por delante al PSOE.

A la altura de 1986, la transición democrática era un hecho consumado en España. Cuatro años antes, y tras casi cuarenta entre el exilio y la clandestinidad, el socialismo había regresado al gobierno. 10 millones de votos, y la connivencia cainita de la UCD, tuvieron la culpa. La alternancia se había completado sin sobresaltos, para mayor crédito de la clase política. Sin esa confianza, por otro lado, difícilmente se habría entendido que la celebración de las siguientes elecciones generales coincidiera con una cita mundialista. Pero tampoco es cuestión de ponerse estupendos. Franco, que en esto de utilizar el deporte hilaba fino, solía ser fiel a la costumbre de programar un partido de máxima audiencia cada 1 de mayo.

Con este precedente, no cabía esperar que la llegada de un nuevo régimen inspirara un cambio de actitud. Desde luego el PSOE –Alfonso Guerra, al menos– no estaba por la labor y, en poco tiempo, dio muestras con la campaña del referéndum de la OTAN de cómo driblar a la opinión pública. Así que, respaldado por la histórica victoria de 1982, e inmune aún al desgaste que le sobrevendría una década después, es probable que el ejecutivo no viera objeciones en convocar a los españoles a las urnas en mitad de un acontecimiento como la Copa del Mundo.

El único inconveniente, pensaría el ministro más agorero, sólo podía provenir de la propia selección. Por aquel entonces, el combinado nacional acogía a promesas como Michel o Zubi bajo el liderazgo intocable de una vieja guardia que tenía en Camacho a su caudillo ejemplar. Nada de juegos (de palabras) con el color de la camiseta ni de exquisiteces sobre el campo más identificativas de la gauche divine que de la casta y el orgullo patrios. Si, en último término, la flor de Muñoz deparaba algún hito histórico, siempre quedaría el recurso de subirse al carro (o de tirar del mismo).

Algo así debió pensar Enric Sopena, o alguno de sus superiores, al ver cómo la ‘furia’ aplastaba en octavos a la Dinamarca del mejor Laudrup. La euforia por el resultado (5-1) no tardó en volverse catarsis. Querétaro parecía resarcirse de su emancipación colonial, al tiempo que la metrópolis aupaba al Buitre hasta La Moncloa. Moraleja: antes de que el cántico mutase en arenga, los resúmenes de TVE ya estaban rebautizando al 7 blanco con las siglas del partido en el poder.

Casualidad o no, los menos suspicaces tienden a pensar que fue un mero lapsus humano. Quizá porque entre los expedicionarios se cuenta que el partido empezó a ganarse la noche anterior, y no en el momento en que Olsen marcó de penalti. El avión que transportaba a la selección se retrasó y tocó improvisar alojamiento. Resultó que el elegido imponía dormir rodeado de cucarachas, de tal suerte que no quedó más remedio que hacer mudanza. Pasada la medianoche, los nuestros atravesaban el hall del hotel donde descansaban los daneses al grito de “¡os vamos a ganar”! Sobra decir quién se encargó de lanzar el mensaje.

“La selección no pudo votar por no ser socialista”

Una vez en cuartos, la maquinaria gubernamental puso algo más de empeño en no dejar cabos sueltos. Más que nada, porque el calendario había dispuesto que el cruce con los ‘diablos rojos’ de Guy Thys se disputara el mismo día fijado para los comicios. En juego estaban no sólo las primeras semifinales, sino la segunda mayoría absoluta. Entre una cosa y otra, a Miguel Muñoz se le escapó una indiscreción extradeportiva horas antes del pitido inicial: “A Tlaxcala vino un señor con papeles y luego resultó que no valían, y nos hemos quedado sin votar”.

Las declaraciones del seleccionador aludían a la visita de un funcionario del Ministerio del Interior. Según la leyenda urbana, éste se había presentado en la concentración con el objetivo de facilitar el voto por correo a los jugadores. No constaba que ninguno hubiese salido del ropero socialista. Daba igual. Alguien desde Ferraz supuso que el vestuario cobijaba un puñado de correligionarios. En realidad, sucedía más bien lo contrario. La opción predominante simpatizaba con Coalición Popular. En cuanto el funcionario se percató de que su embajada estaba destinada al fracaso, emprendió la media vuelta sin alegar explicación alguna. Para el enviado especial de ABC no había duda: “La selección no pudo votar por no ser socialista”, como rezaba el titular de su previa.

La otra leyenda, la de color negro que históricamente había acompañado a los españoles en sus incursiones por tierras americanas, se impondría más tarde sobre el terreno de juego. Del mal de Moctezuma a la hierba alta, de los fatídicos 11 metros a la figura de Pfaff. Cuando Eloy regresó al círculo central, nadie le consoló abrazándole. Entonces no se llevaba esa cursilería de aguardar el veredicto de los penalties en comunión fraterna de brazos entrelazados. Para gente como Goiko, Reñones o Maceda, la motivación era algo más simple. “Tranquilo joder, que tienen que tirar cuatro y alguno fallarán". Pero ningún belga lo hizo.

El sueño de las semifinales se desvaneció; la pesadilla de otro cuatrienio socialista siguió su curso. Cinco siglos antes, Cortés había abandonado México entre lágrimas. Esa noche del 22 de junio, hace ahora 25 años, fue la furia “azul” la que se amansó entre sollozos.

martes, 10 de mayo de 2011

¿Racismo en Francia? Humo politícamente correcto

Por Rocheteau
Recuerdo una noche tomando algo con un amigo nacido en Benín. Se me ocurrió decir algo sobre la “gente de color”. Charbel me respondió diciendo: “¿De color? ¿De qué color? ¿Conoces a tipos verdes? ¿Tengo tonalidades de azul? Joder, soy N-E-G-R-O. Tú blanco. No hay problema”. La gilipollez políticamente correcta se me pasó lo que tardó el sentido común en darme la bofetada.

Y la verdad es que en Francia buena parte de los líderes de opinión (medios, autoridades, ministros, ex jugadores convertidos en buenistas oficiales) necesitan una somanta de h… de lucidez tras lo ocurrido con el caso de las supuestas cuotas racistas en la Federación Francesa de Fútbol y el seleccionador Laurent Blanc.

Escribo esto cuando no todavía no ha hablado la ministra de Deportes y antes de saber la decisión que tomará, el jueves, el Consejo Federal de la Federación Francesa (FFF). Toda esta batahola de supuesto racismo no es más que la élite biempensante parisiense gritando “¡que viene el lobo!, ¡que viene el lobo!”. Una americanización de la sociedad francesa. Y yo me pregunto si hasta cierto complejo de culpabilidad no asumido con el tema de las minorías raciales.

Los hechos se conocen y no los repetiremos. Sólo una supuesta frase atribuida a Laurent Blanc en la famosa reunión donde los responsables federativos habrían diseñado un sistema para reducir el número de negros y árabes en las categorías inferiores: “Los españoles me han dicho: nosotros no tenemos ese problema. Nosotros no tenemos negros”.

Ahora recuerdo otra charla privada, en este caso con Laurent Blanc, hace pocos meses, justo antes del verano pasado, cuando todavía no era entrenador de la selección. “Qué envidia me da la formación en España. Tenemos mucho que aprender de vosotros. Habéis triunfado con dos criterios: técnica y mentalidad, inteligencia de juego. Nosotros seguimos insistiendo en un fútbol antiguo: físico y táctica”.

Thuram y Vieira, 'los justicieros'

¿Escondía el tranquilo Laurent, tras su hablar pausado, su gesto de sempiterno somnoliento y sus gafas de diseño, un racista acovachado? Esta mañana decidí preguntarle a un famoso presentador de deportes de la tv francesa que también lo conoce. Su respuesta: “Lo que ha habido es una tormenta mediática. Se han embalado todos, tras la bandera de lo políticamente correcto, azuzados por algunas declaraciones públicas como las de Thuram y Vieira, y ahora Francia se empieza a dar cuenta de que no había tal racismo y de que todo se ha sacado de contexto”.

Exactamente esa descontextualización es la conclusión a la que llega la comisión de investigación parlamentaria, por lo que ni habrá sanciones, ni denuncia penal, ni nada. Una tormenta de arena. Todo quedará en una frase fuera de sitio de un dirigente de la Federación, François Blacquart, en una reunión privada. Nunca se llegó a plantear nada parecido a una cuota de blancos ni nada semejante. El problema es otro, dice el periodista televisivo francés: “¿Hablar de criterios físicos es hablar de criterios racistas?”. O bien, si los seis centrales con los que jugaba Clemente fuesen españoles negros, y alguien hubiese pedido sustituirles por nuestros actuales blancos bajitos y técnicos, ¿alguien habría gritado racismo?

El gran problema para la FFF es que la selección de Argelia, por ejemplo, se presentó al Mundial con 23 jugadores. De ellos, 18 nacidos en Francia. Moussa Sow, pichichi de la Ligue 1 con el Lille, nació en la periferia de París. Ganó el Europeo sub-19 con la selección de Francia. Pegó un bajón en su juego, Senegal lo llamó y decidió cambiar de equipo nacional. Ahora explota y Francia, que lo ha formado, no puede llamarlo para los bleus.

Para hacerse una idea del problema, el 50% de los jugadores de las categorías inferiores de la selección francesa están en esta situación y podrían terminar en otra selección. ¿Justo o injusto? Un debate lícito y con muchos matices (Puskas, por ejemplo, jugó con Hungría… antes de hacerlo con España)… pero seguro que no es un debate racista.

miércoles, 13 de abril de 2011

El fútbol vasco y su RH: los centros, a la olla

Por Rocheteau
Hasta que salió hoy por la puerta del centro penitenciario Jaén II, José María Sagarduy, Gatza, llevaba 31 años en prisión. Era el recluso etarra más veterano con casi 31 años a la sombra, viendo a su Real Sociedad por la pantallita de la tv de la celda… cuando la retransmitían. O sea, rara vez.

A Gatza lo trincaron en plena época de gloria realista. Aquella temporada 78-79, el equipo que luego sería bicampeón ya calentaba motores y terminó tercero. En el bar Azul de Gernika, la noche del 2 de noviembre de 1978, el patrón Bonifacio Idoyaba rellenaba el boleto de la Quiniela. Debía de estarse pensando qué poner en el Hércules-Athletic (acabó 0-1), porque el ‘uno’ a la Real parecía claro, a tres días de recibir al Rayo en Atocha (acabó 2-0). En ese momento, sonaron siete disparos Parabellum 9 mm.

A un cliente le cayeron cinco y no se levantó. A su novia le dieron dos, y todavía lo cuenta.

Por ese asesinato, Gatza entró en la trena. Todavía le dio tiempo a celebrar en la clandestinidad la clasificación para la UEFA de la Real, con los 20 roscos de Satrústegui. El Athletic cumplió la papeleta con su noveno puesto y el Osasuna todavía moraba en Segunda.

Seguro que ahora que puede consumir todo el fútbol que le dé la gana, se preguntará si los equipos vascos mantienen las esencias euskaldunes del patapúm o se han vendido al ibérico e imperialista tiki-taka. Gatza respirará aliviado: el RH del fútbol vasco sigue intacto.

Imperialista tiki-taka

Nos lo cuenta GARA en un artículo clarificador, como su título: “Los datos no mienten, el fútbol vasco sigue siendo muy inglés”. Basta agarrar la clasificación de centros a la olla de los equipos ligueros. El primero, el Athletic. ¿Segundo? Osasuna. ¿Tercero? Pues sí, la Real Sociedad. El nuevo Zarra o Julio Salinas del Athletic es un poco menos tosco, pero todavía más grande, Fernando Llorente. Los centros le caen de Iraola. Lo divertido es la media: 31,74 por partido (o sea, uno cada menos de tres minutos). Tras Sarajevo no se había visto semejante asedio.

El Osasuna ha cambiado a Irigibel o Robinson por dos tanques como Pandiani (13 goles de cabeza en las dos últimas ligas, 9 con los pies) y Aranda. Y la Real Sociedad repatrió a Joseba Llorente, que no es Kovacevic, pero ahí le anda, a cazar los envíos de Xabi Prieto y Griezmann.

¿El que menos centros tira al área? El Barça, por supuesto. Vamos, que la ikurriña no es una copia de la Union Jack british sólo por casualidad. Y Gatza ya no podrá ir a Atocha, sino a Anoeta, pero no verá un fútbol muy diferente...

miércoles, 9 de marzo de 2011

Libres y directos: Wenger

Con Wenger, todos contentos
Por snedecor

Supongo que me toca hacer de abogado defensor. No soy un talibán del wengerismo, esa religión tan de moda entre muchos jóvenes españoles aficionados al fútbol internacional, pero creo que está claro que lo del alsaciano tiene su mérito. Tendemos a recordar sólo sus resultados más recientes, y aunque es verdad que últimamente ha transformado al Arsenal en el pupas inglés, incapaz de levantar un título aunque se lo pongan en bandeja, su etapa al frente de los gunners tiene más luces que sombras. Este hombre cambió el arcaico estilo de fútbol que solía caracterizar al club y, jugando en la caja de cerillas que era Highbury, levantó un equipo maravilloso (y ganador) con los Vieira, Ljungberg, Pires, Bergkamp y Henry, al que sólo le faltó un título europeo para ser definitivamente histórico. ¿O acaso nos hemos olvidado de cómo jugaba esa gente? Si hasta mostrencos como Wiltord o Gilberto Silva parecían buenos…

Sí, eso se acabó. Los años no perdonan a nadie y la necesidad económica derivada del cambio de estadio obligó a cambiar de proyecto, a apostar por jóvenes talentos con todos los riesgos que eso conlleva, pero manteniendo ese mismo estilo de toque, presión y velocidad. Y obviamente los resultados se resienten, falta competitividad en los momentos clave y hasta podríamos hablar de las continuas lesiones que asolan al equipo en los tramos decisivos de las temporadas, pero demonios, si es que son una panda de mocosos que luchan codo con codo contra transatlánticos de lujo. Y jugando de vicio casi siempre.

Todo mientras las cuentas siguen cuadrando. Y eso, en esta época de muchimillonarios arruina-equipos y deudas galácticas, tiene mucho mérito. Y además, si como parece sus aficionados están contentos con Wenger, ¿para qué discutir? Más opciones para que los demás ganemos algo.


Wenger, ¿de qué vas?
Por Sopenilla


A estas alturas de tercer tiempo, es un alivio comprobar que el uniforme amarillo del Arsenal aún no ha alcanzado la categoría de pretexto. Ni que tampoco lo haya conseguido la lesión de Szczesny. En un deporte en el que el análisis ha sido postergado por las anécdotas, cualquier detalle tiene visos de poder convertirse en clave interpretativa. A fuerza de disfrazarse de forofos, los periodistas fueron los primeros en descubrirlo. Desde que las ruedas de prensa marcan la agenda informativa, algunos técnicos decidieron asumir ese rol.

Ver caer a Wenger en la complacencia arbitral no deja de ser una decepción. Pero, a la vez, parece otra muestra más de su gusto por el atrevimiento. Admitamos que uno decide trocar un equipo de competición por una academia de talentos precoces. Admitamos que uno trata de revertir el pelotazo anacrónico por la vanguardia del toque. Admitamos, incluso, que uno amenaza con el órdago aun sin contar con buenas cartas. Si, ante el primer envite, lo que acontece es la incomparecencia, no es que haya que poner en tela de juicio tal atrevimiento; es que directamente nos planteamos si lo que hubo fue un ejercicio de inconsciencia o una soberana gilipollez.

No obstante, en un mundo de maniqueos como el nuestro, lo que para algunos es un motivo de loa y alabanza, para otros resulta histriónico. Quizá lo mejor sería que quitásemos hierro a esta eliminatoria. En el fondo, la indefinición es un hecho consustancial a un alsaciano.


Su reino por un partido
Por Halftown


Prometió que no lo haría. El lunes pudo escucharlo todo el planeta: “no saldremos a defender el 0-0. Para evitar el efecto lost in translation, Arsène Wenger dijo precisamente: “You can't go to Barcelona, play for a 0-0 and not try to score. It's also not the personality of this team”. Prometió que no lo haría, y los demás le creímos. Al fin y al cabo se trataba de Wenger, el gurú alsaciano, el mismo que convirtió a un club soporífero en el equipo más excitante de la mejor liga del mundo.

Cero tiros. No ya a puerta, sino a donde sea. El cañón del Arsenal no disparó ni una sola vez en noventa minutos de batalla en Barcelona.

Frente al cortoplacismo del mundo del fútbol, Arsène Wenger siempre ha sido el referente de las cosas bien hechas. Todos creímos que los títulos eran sólo cuestión de tiempo, pero seis años de sequía han podido con él.

Se equivocó al pensar que la victoria pasaba por renunciar a su filosofía. Nadie le habría reprochado el perder con el Barça de Guardiola. El profeta Wenger sacrificó su idea por un resultado. Prometió que no lo haría.


El adiós de un romántico del fútbol...
Sal Emergui (Tel-Aviv)


Muchos culés teníamos a Arsène Wenger como referencia. Por su oferta de futbol precioso y técnico en un contexto tan duro y fisico como el inglés. Por su elegancia. Por su apuesta eterna por los jóvenes. Por mil razones que no caben en este espacio. Hasta anoche. El filósofo francés se descubrió como un bunkerista más y lo que es peor un mal perdedor.

Es verdad que jugar al ataque en el Camp Nou es un suicidio pero intentar aparcar el autobús con jugadores que no están diseñados para eso ¿no lo es también? Pero lo triste no es lo que se vio en el campo ya que él no tiene la culpa de la abismal diferencia entre los jugadores, la lesión de Cesc o la magia de Messi. Lo peor fue la rueda de prensa en la que se descubrió como un mal perdedor. Para muchos culés, su discurso tan fino y selecto como un vino francés, tenía un texto propio del Special One. El holandés Van Idiota se merece una bofetada de su entrenador pero no la tarjeta caprichosa del árbitro suizo. Pero de ahí a justificar toda la eliminatoria en eso….c´est la folie!

Dicho esto, si el Barça no empieza a materializar ocasiones, lo tendrá crudo. En el camino a Wembley, se topará con zorros menos inocentes que los jóvenes de Londres. Y, Pep, Dios, por Dios, si no cuentas con Milito, ¡ficha un central de garantías! Imagínate que ayer enfrente de Busquets estuviera Drogba, o, madre mía, el Ibra vengativo….

Arsenia, esa chica guapa de Alsacia
Por Rocheteau

Imaginen a una chica guapa de Alsacia que quería ser modelo. La chica, Arsenia, era espigada, buen porte, monilla… fue a Japón y gustó su exotismo. Ella aprendió don de gentes, idiomas y a comer con palillos. Algo esencial si quieres sobrevivir sin morirte de hambre en Inglaterra, su destino posterior.

Dio un braguetazo al llegar a Londres, se buscó un novio con posibles que la colmó de regalos. La chica, con la mejor manicura, los vestidos más caros y sentada en un cochazo, pues daba el pego. Vivía en Islington, zona ‘pija Tony Blair’, cerca de Highbury.

Pero llegó la separación. Otras maniquíes empezaron a copiarle el estilo, se compraron mejores ropas, ella vio cómo las cuentas de su chico flaqueaban y la chica cada vez parecía más de Alsacia. Ya no era tan sofisticada. Llevaba seis años sin llevarse una portada.

Se separó y empezó a a costarse con chiquillos. Cada vez más jóvenes. Que la hacían parecer a ella cada vez más vieja. En los casting, siempre alguien le comía la tostada. Ella siempre tenía una excusa. Que si la pista de baile resbalaba, que si ese día no se había despertado bien… Vivía de su fama, de ser siempre la más elegante. Hasta que se cruzó con una morena de Barcelona. A su lado, Arsenia palideció. Era lo que ella siempre quiso ser y nunca pudo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Libres y directos: Kaká


Esperando a Bobby Fischer

Por el gordo de Minnessotta

Bobby Fischer, leyenda indomable del ajedrez y hombre atormentado por su elevadísimo coeficiente intelectual, falleció hace tres años. Tras derrotar al soviético Boris Spassky en 1972 y convertirse en símbolo de la guerra fría, Fischer desapareció en 1975 sin dejar rastro. Siete años más tarde nació Ricardo Kaká, futbolista de etiqueta, elegante de cuna, del que se asegura que ha muerto para el fútbol. Al menos el de élite, donde compite el Real Madrid, que es lo que interesa. Por eso, mis colegas de FNF lo venderían por un chelín a cualquier equipo de la madre Rusia. Algunos aún le esperamos. Y mi razón se llama Bobby Fischer. Me explico.

Hace ya dos meses que Kaká regresó de su particular calvario de pubalgias y sospechas de absentismo laboral, pero su fútbol está en busca y captura. Nadie sabe dónde están sus fintas de salón, los regates imposibles, esa zancada de niño pijo que sembraba de envidia los campos de fútbol. Un misterio. Como el del talento perdido de Fischer, esa inteligencia capaz de virar el sentido de una guerra, aunque fuese fría. Fue tentado para volver al carril de la sociedad, aunque a la inmensa mayoría le diese igual el ajedrez. Ignoraban qué era un peón o un alfil, lo que querían era contemplar ese derroche de inteligencia que manaba en cada movimiento, en cada jugada.

Con la llegada de internet, por los foros corrió la leyenda de que Fischer competía en partidas online bajo un seudónimo. Seguramente fuese una burda mentira más de las que plagan la red, pero ese rumor respondía a un deseo, a una ilusión: volver a sentir la inmensidad de su talento. Aún hoy muchos creen que su muerte sólo fue una treta más para lograr su anhelado olvido. Igual que muchos seguimos creyendo que la supuesta defunción deportiva de Kaká es eso, un supuesto, que su fútbol volverá a florecer. En otras palabras, seguimos esperando a nuestro Bobby Fischer.


Kaká, activo virtual
Por Halftown


Ricardo Kaká se define a sí mismo en su Twitter como un cristiano, marido y padre que ama el fútbol. Por ese orden. Gracias a una atención minuciosa a todo el que le escribe, el brasileño ha conseguido alcanzar casi tres millones de followers, muy por delante de los 759.000 de Iniesta, los casi dos millones de CR9, y más del doble de los que tiene Real Madrid.

Hace no tanto que Kaká era mucho más que una estrella virtual. Dieciocho meses miserables no deberían hacernos olvidar el pedazo de futbolista que es el brasileño. Decía el otro día Segurola que Di María y Ozil le habían sacado de rueda. Quizá sí, pero también dijo Johan Cruyff que los buenos futbolistas siempre pueden jugar juntos.

Cuando hace año y medio se vistió de blanco, los expertos calculaban que los productos derivados Kaká iban a hacer ingresar al Madrid 90 millones de euros. Ocho meses de lesión y cero títulos más tarde, el brasileño es la bandera del fracaso momentáneo de la galaxia blanca 2.0. Y aun así le eligieron para salir en la portada del FIFA 2011. ¿Cuánto podrá sobrevivir la marca Kaká sin Kaká el futbolista?

Si bien en lo deportivo sigue sin distinguir los árboles del bosque, el libro de cuentas de Florentino Pérez sabe que hay que vender cuando se cotiza al alza. A punto de cumplir 29 años, el activo patrimonial Kaká tiene contrato hasta 2015. Margen de sobra para revalorizarse.


Del Balón de Oro al Marca Leyenda
Por Rocheteau

Kaká llegó a España con un Balón de Oro. Y se irá con un MARCA Leyenda. En ese viaje argumental, de la joya a la bisutería, se resume el tránsito de mejor jugador del mundo a inane mediapunta que ha sufrido Ricardo el de los 65 en el Real Madrid. Una cosa no ha cambiado, seguiría dejándole a cargo de mi hermana un sábado por la noche sin mucho resquemor.

Sigue habiendo quien mira al de la rectilínea dentadura con postración genuflexa. Normal. Cada gran jugador consigue una cuota de fieles que se mantienen incólumes como los japoneses que seguían peleando a finales de los 40, en alguna isla del Pacífico, por un Ejército que había perdido la II Guerra Mundial cinco años antes. Si encima esos fans un día picaron en su terruño olvidado y les salió gas, y quieren pagarse un rato de Kaká, como Gadafi se llevó a Beyoncé para un concierto privado, pues nada, a poner la mano y salir silbando, como en los buenos cómics.

Podría ser peor. En Inglaterra muchos ex jugadores terminan amenizando, con chistes encontrados en manuales, cenas en restaurantes de provincia una vez terminado el partido del día. La gente paga su cuota y así pueden pensar en que ellos también conocieron a aquel famoso lateral del Newcastle mientras contemplan su dentadura postiza. Son los famosos after dinner's speech. Kaká ni siquiera podría. Nadie pagaría un maldito duro por cenar con un tío sin gracia.

domingo, 20 de febrero de 2011

Cavani el miedica y otras italianadas

Por Rocheteau
A nadie le gusta que le pongan el cañón bien fresquito de una pistola en la boca cuando va a trabajar. La diferencia entre los futbolistas y el común de los palermitanos es que los de la pelota pueden elegir trabajar en otro sitio. Que se lo pregunten a Cavani, el delantero uruguayo del Nápoles que asombra a Europa con sus 20 goles.

Pero empecemos con Abel Hernández, también charrúa, también atacante, conducía el miércoles con destino a Boccadifalco, la ciudad deportiva del Palermo. Un motorista se le acercó, dio un giro brusco y provocó un accidente leve. Hernández salió de su imponente vehículo y se encontró a los pocos segundos mordiendo un cañón de pistola, sujetada por un tipo que había preferido dejarse el casco.

La escena era contemplada por todos los conductores que pasaban. Se ignora si llamaron o no a la Policía. Sí se sabe que en pocos minutos, a Abel Hernández le limpiaron lo que llevaba en billetes, una pulsera por valor de 20.000 euros (¿quién lleva pulseras por valor de 20.000 euros para ir a jugar al fútbol?), una diamante que llevaba como pendiente (¿quién se pone diamantes en las orejas para ir a jugar al fútbol?) y otro pendiente recuerdo de su madre (Imaginaos durante sólo un momento con un pendiente cualquiera de vuestra madre. En fin, dejemos los aspectos freudianos y concentrémonos en el fútbol que si no…).

Abel Hernández no pasó de una visita por comisaría para denunciar, unas declaraciones tópicas (“mucho miedo pero qué fantástica es la gente de Palermo”. Ya, seguro que el ladrón era tifoso del Catania) y la promesa de que no cambiaría de club. Porque en la entidad rosa y negra ya estaban temblando al recordar lo acontecido con Edinson Cavani, el nueve uruguayo que tiene al Nápoles en lo alto de la Serie A y se parece a Rivaldo en la cara, con brackets de adolescente fan de Britney Spears y melena de aborigen.

En la misma carretera donde limpiaron a Abel Hernández, en diciembre de 2009, otro motorista rodaba junto al coche de Cavani. No le sacaron ni un euro, pero le estropearon el coche a cadenazos, y el killer llamó esa noche al presidente Zamparini para pedirle el traspaso. Vamos, que nueve seguro que es, pero 'killer', poquito.

Seis meses después fichaba por el Nápoles y el resto de la historia ya se conoce. Cavani se fue de Málaga a Malagón, pero en Nápoles ya se han preocupado de que los chicos no molesten a Cavani, que les puede dar el primer título desde que dejasen de ver la melena rizada de Diego Armando Maradona.

Coda: Gattuso vs 'El tiburón'

Gattuso es un ignorante y lo reconoce. Ya que no conoce la historia de su país, al menos alguien debería enseñar a Gennaro la historia del Milan AC. Entonces seguro que habría oído hablar del desdentado de aquí al lado. Joe Jordan. Conocido en San Siro como “lo squallo” (“el tiburón”), por su irredento carácter (seguro que no por los incisivos que le faltaban)

Marcó 12 goles en 52 partidos. Marcó en tres mundiales diferentes. En su tercer y último año en Italia jugó en el mítico Verona del 83 que consiguió quizás la última epopeya modesta del fútbol italiano y logró el scudetto con Elkjaer Larsen.

Esta semana Gattuso se enfrentó a él, ahora adjunto de Redknapp en el Tottenham, y le dio un cabezazo. Lo dicho. Gattuso, no es que seas bruto. Es que eres un ignorante

lunes, 31 de enero de 2011

"Mourinho, vete al teatro". Y Guti, y Kaká...

Por Rocheteau
Roman Abramovich ha aprendido a gastar algo mejor sus rublos. Ya no sólo le regala obras de arte multimillonarias a su novia hortera y adquiere delanteros inservibles como Shevchenko; ahora acaba de plantar una estatua de dos metros de Jozef Stalin en pleno St- Martins Lane.

La cosa tiene truco. Abramovich ha esponsorizado a la famosa compañía de teatro rusa Sovremennik para llevar a Londres seis representaciones de Dentro del torbellino. La obra cuenta en primera persona la estancia en un gulag de la escritora Eugenia Ginzburg, a la que se acusó de trotskista.

Cuando se supo que Abramovich iba a patrocinar una obra llamada Dentro del torbellino, la gente pensó de inmediato en un sainete contando la explosión del Chelsea de Ancelotti, que tiene el mismo balance fuera de casa que el Newcastle y tiene que ponerse la mano en la frente a modo de visera para atisbar al ManU a diez puntos de distancia. Pero no, se trataba de Stalin…

En FNF caben la cultura, la dramaturgia y mucho más, pero tampoco es cuestión de pasarse. Así que ahora que al rico más rico del fútbol mundial le ha dado por ilustrar a las masas, le proponemos una serie de magnas obras con las que explicar a las masas más ilustradas la cosa futbolera.

EL MISÁNTROPO: Abramovich lo tiene fácil para encarnar la figura de Alceste. Basta vestir con sus ropajes de la época de Luis XIV a José Mourinho. No sólo por su desprecio a la especie humana (en concreto si son entrenadores de fútbol), sino por su convicción de tener que decir la verdad siempre, a todo el mundo y en cualquier contexto. La educación para él es hipocresía. Vamos, que a Molière le faltó poner a Alceste a entrenar al Madrid, haciendo signos con tres dedos en Milán, corriendo entre aspersores del Camp Nou y largándose de una rueda de prensa. El resto, lo clavó [y así ya nadie volverá a gritarle "Mourinho, vete al teatro, Mourinho vete al teatro..."]

EL ENFERMO IMAGINARIO: Molière lo llamó Argan, pero quiso decir Prosinecki. La versión de Abramovich sebería ser actualizada, y convertir a Kaká en su hipocondriaco protagonista, aquejado de todos los males posibles e imaginables. Y con razón. Porque en el estreno del libreto, Molière hacía él mismo de Argan. Gravemente enfermo, intentaba ocultar su estado, pero en la cuarta representación se desmayó, cayó el telón y Molière, al poco, falleció. Iba de amarillo. Como Kaká. Que murió como jugador en el Mundial 2010. Descanse en paz.

MUERTE ACCIDENTAL DE UN ANARQUISTA. No será el anarquista Giuseppe Pinelli el protagonista de esta obra cómico-política de Dario Fo, sino José María Gutiérrez Hernández, Guti. Que tampoco caerá “accidentalmente” de una ventana en comisaría, sino que morirá seguro en un partido en Turquía, cuando un hincha lance una bengala, que golpeará en la esquina del marcador, y se colará entre varios defensores, siguiendo una trayectoria única, como un mágico, algebraico y medido pase del 14, hasta clavársele en medio de un tatuaje maorí, cual joven Werther versión playa de Ibiza.

ESTO ES ASÍ Y NO ME JODÁIS. Vaya por adelantado. Rodrigo García me parece un fantoche. El enfant terrible del caca-culo-pedo-pis ‘asustaburgueses’ sólo sabe poner carne humana, sexo, heces y animales torturados para justificar una fama exagerada, pero ahora imaginad a Ricardo Carvalho y John Terry en un paraje desolado, tipo “La Carretera” de Cormac McCarthy. Los dos comiendo vísceras con sus manos. Aniquilando las últimas formas de vida humana. Despojándoles de dignidad y tibias, poco importa el orden. Sí… sí, os gusta, reconocedlo…

HISTORIA DE UNA ESCALERA: Un vodevil sobre los muchos equipos que viven embutidos en una escalera, que si Primera, que si Segunda. Igual que en la vecindad de la obra de Buero-Vallejo, los Levante, Numancia, Valladolid, Murcia viven siempre con el bolsillo apretado y haciendo de la necesidad, virtud. Esa clase obrera del fútbol con poca esperanza de progreso condenada a vivir subiendo y bajando por la escalera.

ESCUADRA HACIA LA MUERTE. Los personajes de esta adaptación de la obra de Alfonso Sastre irán todos vestidos de rojo, hablarán con acento de Liverpool y la acción comenzará justo cuando Rafa Benítez abandona el banquillo en Anfield. Al final el cabo y los cinco soldados acaban matándose entre ellos.

LA CASA DE BERNARDA ALBA. Ha sido recordar la obra de García Lorca y pensar en Lotina, Lendoiro y el Depor. Que algunos jugadores salen de la casa, sí, pero son todos austeros, grises y recatados como los que vendrán. La disciplina de refajo, la moral de antaño, ese gesto del siglo XIX, la frente de fraile, los 60 años resecados, la mala hostia por arrobas, ya no son cosa de Bernarda Alba, sino de Lotina, espíritu rector de ese convento futbolístico. Que vistan de negro o blanquiazul es lo de menos.

AQUÍ NO PAGA NADIE. Obrita magnífica de Dario Fo sobre las vicisitudes del Hércules, interpretada por Drenthe. Es más, diantre, hagamos un musical rap, que eso se vende bien en los teatros londinenses. Además de las lacrimógenas historias de los jugadores que tuvieron que empeñar su Ferrari, como Trezeguet, para comprarle otro a sus hijos, se puede hacer una segunda trama versión El Padrino con Enrique Ortiz, consejero delegado del Hércules e implicado en la operación Brugal de sobornos a políticos.

De Bollywood sé poco, pero el que controle, que encuentre la que mejor le vaya al Rácing de Santander

martes, 14 de diciembre de 2010

Krasic y el puente roto entre Serbia y Kosovo

Por Rocheteau
Nuestra historia empieza con una frase simple: Kosovsko Mitrovica era una ciudad con dos puentes. Pero estalló la guerra de Kosovo. La dinamita voló en pedazos el puente del oeste en 1999. El odio y los francotiradores inutilizaron el puente del este. Y la vida, como las frases, dejó de ser simple en Kosovsko Mitrovica.

Milos Krasic, extremo izquierdo de la Juventus, entonces era sólo un chaval y todavía recuerda cómo los miles de serbios que vivían al sur del puente se mudaron al norte, y tantos vecinos kosovares partieron al sur, cuando empezaron las miradas aviesas. Siguieron los linchamientos. Luego se impusieron los tiros. “Antes, cruzar el puente era normal. En el otro lado tenía compañeros de escuela. Hasta 1999 no fue una ciudad dividida”.

Krasic dejó de ver a sus amigos del otro lado y quedó una línea de aire sobre el río Ibar, una frontera hecha de nada, que se convirtió en el confín mental de dos pueblos enfrentados. De la nada hacia el sur, Kosovo. De la nada hacia el norte, Serbia. Y lo que era una ciudad con dos puentes, sus 15.000 serbios al norte y sus 65.000 kosovares al sur, se convirtió en la primera trinchera de la guerra.

Este domingo Krasic salvó a la Juve ante la Lazio con un gol en el último minuto. Krasic, el hombre “casi”. Casi tan bueno como Nedved, casi tan desequilibrante como Nedved, casi con el disparo de Nedved, casi con la melena tan tupida como Nedved…

A esa misma hora, cerraban los colegios electorales de Kosovo en las primeras elecciones de su historia. Las ganó un oscuro personaje, Hasim Thaci, ex líder del Ejército de Liberación de Kosovo (EKK), acusado ayer por el diario británico The Guardian de haber organizado una red criminal de tráfico de armas y órganos humanos (extraídos, por si alguien necesita detalles, a los prisioneros serbios de la época) y de seguir controlando el crimen organizado en una zona con elecciones pero todavía sin ley.

Con Jovanovic bajo las bombas

Pese a todo, los buenos siempre fueron los kosovares. Los malos, los serbios. Por eso el 17 de febrero de 2008 la comunidad internacional, tan enemiga de los secesionismos, terminó permitiendo la discutible independencia de Kosovo (que, si no es Serbia, es Albania pero no un país independiente).

Seguramente los serbios son tan malos como nos contaban. Pero los kosovares quizás no tan buenos. El caso es que cinco años después de la reconstrucción (con un rígido reclutamiento de un obrero kosovar por cada obrero serbio) del ahora flamante puente oeste de Mitrovica, los serbios de la mitad norte siguen pensando como Krasic: “Sé que hay mucho odio pero entiendo que los serbios sigan pensando que Kosovo forma parte de su patria. No quieren sentirse extranjeros en su propia tierra: pelearán por seguir allí”.

Estas declaraciones de Krasic, por cierto, abrieron el suplemento de deportes del diario italiano “La Repubblica”. Imaginemos, ¡oh, sacrilegio!, una entrevista política con un futbolista serbio ocupando el lugar de Xavi, Cristiano, Pep y Mourinho en las aperturas de nuestras secciones deportivas.

Con 14 años, Krasic partió a Novi Sad, para jugar en la Vojvodina. Con Jovanovic, hoy en el Liverpool, subieron al techo de su residencia. Allí vieron cómo las fuerzas de la OTAN volaban el puente de la libertad que unía las dos orillas de la ciudad. Jovanovic le convenció para que se resguardaran. Krasic seguía allí, petrificado. “Tenía más miedo por los demás que por mí”, dice hoy. No era la primera vez que veía un puente saltar en pedazos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Mediapunta y apadrinado por Cosa Nostra

Por Rocheteau
El 29 de junio de 2010, el Tribunal de apelación de Palermo condenó a siete años al todavía senador Marcello dell’Utri, mano derecha de Silvio Berlusconi, por “participación externa en asociación mafiosa”. El juez consideró probado que Dell’Utri era el enlace entre Totò Riina, Bernardo Provenzano y su jefe, a la sazón presidente del Milan, Silvio Berlusconi.

Tres semanas antes, Gaetano d’Agostino, hábil centrocampista ofensivo del Udinese, firmaba su nuevo contrato de tres años con la Fiorentina.

¿La relación entre ambos hechos? Rebobinemos 16 años en el metraje de la enfangada política italiana y empleemos sólo declaraciones bajo juramento del proceso a Dell’Utri.

En 1992, según comprobó la polícía en la agenda de Dell’Utri, éste habría recibido un aviso de un comerciante de nombre Carmelo Barone, del barrio palermitano de Brancaccio, sobre la necesidad de probar en el Milan a Gaetano D’Agostino, de entonces 10 años, como pago de unos favores.

En diciembre de 2003, Giuseppe d’Agostino, padre de Gaetano, habla con los hermanos Graviano, dos “boss” mafiosos prófugos de la Justicia que escondía en su casa. Es decir, ante los ojos de su hijo. Como moneda de cambio sólo pide una prueba para su hijo en el Milan, según explicó en el aula judicial el fiscal general.

En el 1994, los Graviano activan la maquinaria y hablan con su enlace Dell’Utri. Berlusconi es el puente de la política, pero también del fútbol. Bajo testimonio, Francesco Zagatti, uno de los responsables de la cantera rossonera, reconoció que el senador fue quien les dijo que había que ver a ese chaval siciliano que marcaba goles como uvas en las categorías inferiores del Palermo.

En enero, el crío D’Agostino se enfunda las botas en Milanello y, amenazas mafiosas aparte, encandila a los preparadores del club lombardo. Ese mismo día, la policía detiene en Milán, donde habían acompañado al pequeño, a su padre Giuseppe y a los dos hermanos Graviano. Lo que ahuyenta a los dirigentes milanistas que deciden correr un tupido velo y no fichar a D’Agostino, quizás para no relacionar de forma más directa a Dell’Utri con los arrestados.

Destino final: Fiorentina

D’Agostino pasó por la Roma, triunfó en el septentrional Udinese, lejos de las tierras de Cosa Nostra, y fue hasta internacional. Ironías del destino, el Milan estuvo a punto de ficharlo el pasado verano por unos cuantos millones de euros, aunque al final se lo llevó la Fiorentina.

La cuestión ya saltó a los medios hace un año, aunque quizá no con tanto detalle. La novedad es que se acaban de conocer los detalles de la sentencia. En su argumentación, el juez culpa a Dell’Utri de complicidad con la mafia, pero lo absuelve de los delitos más graves (un pacto electoral entre Berlusconi y los jefes mafiosos y la complcidad en los atentados del 92 contra Falcone y Borsellino) pero también de haber intentado enchufar a Gaetano D’Agostino. A pesar de la confirmación de los responsables de la cantera, de la agenda de Dell’Utri y del resto de pruebas.

Silvio Berlusconi ha sido objeto de investigación en 21 procesos judiciales. Tres veces se salvó por prescripción del delito. Dos por amnistías gubernamentales. Siete veces fue absuelto. Siete procesos más fueron archivados. Quedan tres en curso, uno de los cuales (el caso Mills, el más grave) ha intentado anular con dos leyes ad personam en la presente legislatura. Nunca ha sido condenado por una sentencia firme.

Lógicamente, no hay duda de que a Gaetano d’Agostino la mafia nunca intentó ‘enchufarlo’ en el Milan a través de Dell’Utri. Lo dice la Justicia. No seais malpensados.

martes, 23 de noviembre de 2010

Córcega, fútbol a ritmo de kalashnikov

Por Rocheteau
Estamos todos de acuerdo en la profunda trascendencia de 22 tipos disputándose un balón a patadas. Me pregunto entonces qué es el fútbol salpimentado con ráfagas de kalashnikov por el control del tráfico de drogas (¿y del fútbol?) en el sur de Córcega. Un lugar donde el tiki-taka no es un estilo de juego, sino el sonido del percutor.

El AC Ajaccio es un club ascensor de la Ligue 1 francesa, que lleva cuatro años ya encallado en la Segunda y no paladea el éxito desde que partiese Sebastián Squillacci, a principios de la década. “Un populu, una cità, una squadra”, reza su lema. El Athlétic Club Ajaccio, a pesar de su anglófona denominación, trasuda nacionalismo corso y su presidente, desde julio de 2008, es un tal Alain Orsoni. Algo así como si Arnaldo Otegi presidiese dentro de unos añitos la Real Sociedad (ambos, por cierto, tienen en sus currículos sendas condenas por apología del terrorismo).

Orsoni se dio a conocer en 1975 en la acción contestatario-terrorista fundadora del movimiento indepentista corso, en la que murieron dos gendarmes. Fue arrestado años más tarde por ametrallar la embajada de Irán, como miembro del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC). Y ésos son sólo algunos de sus méritos como gudari mediterráneo.

Es cierto que el independentismo corso siempre ha estado teñido con ribetes de mafia pseudo-marsellesa más que de movimiento con reivindicaciones políticas, al estilo de ETA o el IRA. Escisiones, guerras internas por el control de los tráficos de armas y drogas, peleas clandestinas… de las que Orsoni, más cuco que otros convencidos compadres, se salió a mediados de los 80 para dedicarse a la política y a sus florencientes negocios. A su hermano no le dio tiempo. Militante del FLNC, lo asesinaron en el 83. Su hijo lleva 14 meses en la clandestinidad y la policía lo considera sospechoso de asesinato. Pero Alain Orsoni no hay partido que no disfrute en el palco del Stade François Coty, que los nacionalistas prefieren llamar Timozzolo.

De ex terrorista a presidente del Ajaccio

Si este grupo de ex terroristas y hampones se hubiese dedicado al transporte de flores o la venta de piscinas prefabricadas, este artículo no tendría razón de ser. Hete aquí que Orsoni y sus amigos, entre ellos Antoine Nivaggioni, montaron, ¡oh, sorpresa!, una empresa de servicios de seguridad. Tenían callo.

Ni qué decir que les llovieron clientes solícitos y entusiastas sin cartas de extorsión ni otros gastos de franqueo postal. La gente entendió a la primera que era mejor que pagar el impuesto revolucionario, además de forma legal y hasta te ponían un ‘segurata’ en la puerta.

El dinero llama al dinero, y el dinero al cuadrado, al mal gusto y al fútbol. Este viejo adagio marbellí se cumplió al dedillo con Orsoni y Nivaggioni, notos futboleros, notos ex terroristas y, después, notos presidente y directivo del AJ Ajaccio, respectivamente.

El 22 de octubre pasado, jugadores del AC Ajaccio, con sus banderas bretonas blanquinegras en ristre y una foto gigante en el centro del terreno de juego, rindieron homenaje a Nivaggioni. ¿Por qué? El 18 de octubre, dos encapuchados que saltaron de una camioneta lo machacaron a ráfagas de metralleta, mientras un tercero lo remataba surgiendo de un portaequipajes instalado en el techo del vehículo. A la corsa.

Mediocentro sin clase pero con gatillo

Nivaggioni, otro balarrasa, se fugó en 2007, la víspera del día en que la Policía había decidido detenerle. Catorce meses vivió escondido de la Justicia. En enero de 2009 fue detenido y en septiembre puesto en libertad por un error de procedimiento.

¿Qué tiene que ver todo esto con el fútbol? Aparentemente nada, pero…

El 18 de octubre, la policía francesa detuvo a tres hombres como cómplices del asesinato. Entre ellos Christophe Ettori. Uno de esos tipos con capacidad para ser futbolista. Y sin talento para ser un futbolista. Eso que en las divisiones inferiores se llama mediocentro pero resulta ser todo lo contrario a Xabi Alonso. Con la edad, seguía sin talento, pero además sin velocidad. Y se reconvirtió en defensa central.

Ettori dividió su carrera entre la segunda y la tercera, jugó en Toulon, Toulouse y Créteil y llegó a probar en el AEK Larnaca chipriota. En 2007 recaló en el Gazélec Ajaccio, club de regional donde este año comenzaba como director técnico. El Gazelec es el rival emotivo en Ajaccio del AC (fueron fundados ambos en 1910), aunque a años luz en nivel deportivo. Ettori no podía ni ver a Nivaggioni, de un clan rival, en lo nacionalista, y en lo futbolístico. Ahora ve los partidos del Ajaccio en la televisión de su celda.

¿Qué tiene esto que ver con el fútbol? Seguramente nada, pero es mucho más interesante que 22 tipos disputándose un balón a patadas.

sábado, 7 de agosto de 2010

Vaticano vs Calcio: más rezos y menos Eto'o

Por Rocheteau
Desde luego que la Iglesia es una máquina de comunicación bien engrasada. Porque en plena resaca de los escándalos por la ocultación de violaciones en masa y worldwide por parte de seminaristas, curillas, señores párrocos y doctos obispos; con el islam y los evangélicos comiéndoles la tostada en las capas populares del Tercer Mundo y la COPE a punto de arrebatarle a Larry King y Christiane Amanpour a la CNN para su nueva temporada, la verdad es que hay que tener gente disponible para lanzarse a una cruzada contra los horarios del calcio.

En un arrebato florentiniano, a los dirigentes del fútbol italiano, les entró un ataque de cordura marketiniana para intentar arrebatarle algo de cuota de mercado a la Liga y la Premier (muy por encima en audiencia mundial) y decidieron fijar un partido semanal los domingos a las 12.30. De rebote, luchaban contra la violencia creciente en los estadios italianos, con una táctica british: a esa hora no hay borrachos, los críos no tienen problemas de horarios y se favorece el fútbol como espectáculo para todos los públicos.

Hete aquí que a la Santa Madre Iglesia no le gusta que el doblar de las campanas dominical se confunda con los alaridos del gol. Como luego los del AS nos acusan de manipuladores, y no queremos un conflicto semejante con el Vaticano, que lo explique Carlo Mazza, obispo de Fidenza, director de la Fundación Juan Pablo II para el Deporte y encargado en la Conferencia Episcopal Italiana de la pastoral tiempo libre, turismo y deporte (en el currículum no se precisa si con o sin sotana): “Creo que este anticipo a las 12.30 es verdaderamente deletéreo [adj. mortífero, venenoso. U. t. en sent. fig.] desde todos los puntos de vista, tanto para los jugadores que salen al campo como para la familia, el mayor problema”.

“Con partidos los sábados y los domingos, este untar fútbol en todo el tiempo del hombre y del domingo me parece forzado ”. Todo un hallazgo eso de “untar fútbol en el tiempo del hombre”, pero al Lyssavetzky vaticano le traiciona la insinceridad. No se atreve a decir que si ya va poca gente a misa, en competencia con el fútbol, los bancos de las iglesias van a parecer el estadio del Cosenza en un partido de Copa.

Pero para eso está Clauido Giuliodori, ex futbolista de Tercera y a la sazón obispo de Macerata: “El problema no es la misa. Nos parece excesiva la extensión de manifestaciones a lo largo del domingo, en perjuicio del tiempo para la familia, para las actividades sociales y para el rezo”. Claro, porque ahora que no hay fútbol a las 12.30, no se ve un italiano por la calle a esa hora: están todos de rodillas musitando salmodias.

Al infierno, con Gol TV

No es la primera incursión de la Iglesia contra el belcebú de las masas. Ya consiguieron (leer “No te cagues en Dios que gana la Juve”) que, a partir de esta temporada, una mínima blasfemia equivalga a una tarjeta roja. Los fanáticos de la acera de enfrente ya intentaron prohibir la camiseta del Inter (y del Huesca). Y en Israel, los de las trenzas ya intentaron forzar que la selección no juegue en sabbath.
Hace 15 años, la Iglesia italiana ya se levantó contra el horario de un partido, un peligrosísimo Atalanta-Udinese, jornada 30º, porque coincidía, a las 20.30h, con el Via Crucis del viernes santo. Al final, los del sagrario se salieron con la suya y el encuentro fue adelantado a las 18 horas.
A mí, personalmente, el domingo siempre me pareció un coñazo. No tengo nada en contra de que la gente se vista de negro y canten cogidos de las manos. Ni siquiera me parece peor ser monaguillo que boy scout. ¿Por qué la obsesión de las religiones en limitar la libertad? ¿Podrían dejar de preocuparse por nosotros, catetos desposeídos de luz divina, atávicos materialistas, embebidos hinchas furibundos en busca de nuestra dosis de pan y circo?

Si tan necesitado está el hombre de espiritualidad, que nos dejen elegir. Porque yo veo más inspiración divina en un control de Messi que en la casulla de un panzudo moralista. Y no me importaría ir al infierno si tienen Gol tv.

Igual, 15 años después, muerto el Papa que fue portero, Italia ya es capaz de decidir por sí misma a qué hora se juega un simple partido de fútbol. Y que en el Vaticano a alguien se le escape: “Con el calcio hemos topado”.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sarkozysmo futbolero: a la guerra, sin cascos

Hoarau, delantero PSG: "Critica, chucho, que no te escucho"
Por Rocheteau
Una epidemia de ley y orden se cierne sobre el fútbol francés. Los chicos malos que tiraron el Mundial por el desagüe en Sudáfrica han despertado una inesperada ola de sarkozysmo futbolístico. Los hinchas gritan: “¡mano dura con los niñatos!”. Y hay un presidente que ha decidido una vía intermedia entre el florido pensil y los famosos por su poca dulzura CRS (antidisturbios franceses): prohibir la estética rapera de los futbolistas franceses y empezar por los horrendos cascos XXL con los que escuchan música a todas horas.

Michel Guyot, presidente del recién ascendido Brest, fue el primero en sacar las espuelas. “La gente está harta de esos cascos y del desdén que suponen en público. Cuando nuestros jugadores salgan del autobús o del avión con los cascos les caerá una multa. En contacto con los hinchas, entonces estarán terminantemente prohibidos”.

El ejemplo de nuestro amigo Guyot, impagable: “Cuando Thierry Henry fue a ver al presidente de la República (Nicolas Sarkozy), no se los puso. En cambio, durante el Mundial no se los quitó. Eso significa que hay gente a la que se respeta, y yo deseo que nuestros espectadores lo sea”.

Es innegable que los franceses han hecho un mundial de mierda. Vale. En la selección nacional hay cuatro o cinco (de ellos, uno jugó en el Real Madrid y otro estuvo a punto de hacerlo) que si no hubiesen acabado corriendo delante del lateral habrían terminado haciéndolo delante de un gendarme. Vale. Y la mayoría de ellos necesita una educación o, en su defecto, un par de consejos sobre a) cómo comportarse, b) cómo vestirse, c) cómo hablar.

Pero pensar que prohibir los cascos de aparcaaviones va a servir para que estos chicos encuentren la recta vía es como si el presidente de la Federación Italiana prohíbe la gomina en los cráneos de los internacionales para que escarmienten después de su patético paso por Sudáfrica. Dicho lo cual, el trauma sería insoportable para algunos. Pero no creo que obedecieran más al entrenador ni que Iaquinta de repente supiese usar los pies.

Como camellos de The Wire

Lo que hace la Ligue 1 es simplemente copiar a la NBA, cuando David Stern decidió que tener una pléyade de estrellas vestidas como camellos de The Wire, portando armas en la guantera y fumando marihuana igual no era un buen negocio. Yo el argumento lo pongo en duda. Pero, en cualquier caso, Stern les obligó a ir vestidos “como Dios manda”, que se dice por aquí. Traje, corbata... y luego les siguen pillando con armas en la guantera y fumando marihuana, pero eso ya no hay quien lo controle.

En Francia no se trata de una decisión de la Liga, sino de cada club. Pero la medida del presi bretón gustó tanto que los demás se han subido al carro enseguida. El Olympique de Marsella también ha prohibido los famosos cascos del iPod en público. “El fútbol tiene que salir de la torre de marfil. Hay que hacer esfuerzos para abrirse a los que están a nuestro lado. Eso pasa por gestos simples”, dice Jean-Claude Dassier, presi del equipo marsellés, imitando a un psicólogo de programa de radio. Una teoría compartida por el nuevo seleccionador nacional, Laurent Blanc.

¿Y qué opinan los jugadores? Pues un tipo cabal como Mamadou Niang, al que además le gusta llevar cascos (ver foto izqda), considera que se trata de una chorrada efectista: "El año pasado, escuchando música en los cascos, ganamos el doblete en Marsella. Es para concentrarse. dicen que es porque daña nuestra imagen. La verdad, no veo la relación. No es culpa nuestra que Francia jugase mal en Sudáfrica. Además, no creo que por quitarse los cascos vayan a ganar el próximo Mundial".

Otros hasta lo han defendido, como el de Lorient, Loïc Fery: “Para el jugador, es una forma de entrar en una burbuja y concentrarse para el partido”. Pero el único que ha puesto un poco de sentido común sesentayochista es Gervais Martel, presidente de Lens: “Con una prohibición, pasamos de un extremo al otro. Mis jugadores no son imbéciles y entienden la necesidad de abrirse más el público”. Si la afirmación es cierta y sus jugadores no son imbéciles, vaya suerte tiene el presidente del club nordista. Lleven o no lleven cascos de aparcaaviones.

domingo, 18 de julio de 2010

Dudek, un minero que no da ni chapa

Por Rocheteau
No entiendo qué le ha picado a los niños de esta época. Todos empeñados en broncearse como Cristiano Ronaldo, en soñar ser como Lionel Messi, en imitar a Iker Casillas (por motivos obvios). Estos mocosos no saben lo que es la vida. Si lo supieran, responderían sin pestañear: “Yo de mayor quiero ser Jerzy Dudek”.

No sabe lo que es un paparazzi. Sigue engordando su palmarés. Se sopla más de un millón de euros anuales. ¿Su trabajo? Calentar a Casillas una vez a la semana los domingos por la tarde y ponerse un chándal cada mañana para que los jugadores del Madrid sean pares en los partidillos.

¿Os habéis fijado en la sonrisa de Dudek? Beatífica. Celestial. Como de niño al que acaban de regalar su primer balón. Normal. El amigo ha jugado un partido de Liga en dos años, fue el portero del Alcorconazo y, con 37 palos, recibe una llamada del Real Madrid para renovar otro año más. Como para no sonreír...

Pero esa sonrisa esconde una historia que leí en un en un Fourfourtwo . Quizás Dudek sonríe porque nunca ha olvidado lo que le esperaba de no haber sido futbolista: un rostro lleno de hollín, una vida empujando camionetas y aspirando gases, una enfermedad respiratoria y probablemente una muerte entre los 50 y los 60. Y es que Jerzy fue minero.

Cuando tenía 17 años y jugaba de portero amateur en el club de su pueblo, Knurow, Dudek bajaba a la mina de carbón dos veces por semana como aprendiz. Lo explicó él mismo en The Guardian, cuando le preguntaron "¿Dónde estarías si no fueses futbolista?". "Probablemente, 60 metros bajo tierra. La minería está en nuestra sangre y estamos orgullosos de ello. Toda la gente que conocía eran mineros. En mi familia todos eran mineros".

Su precio: dos mineros

Le quedaban dos semanas para terminar las prácticas y convertirse en un currela más en la mina, cuando lo fichó un club de Tercera. Su precio: dos mineros. "El presidente me compró a cambio de dos aprendices de la mina que jugaban en ese club".

"La primera vez que bajé a la mina me sentí un guerrero. En mi pueblo, había 8.000 habitantes y todos trabajaban allí. No es sólo un trabajo, La gente lo adora. Es su identidad". No me lo imagino al bueno de Jerzy comentando la cuestión con los armanizados Guti o Beckham.

Todos los que conocen el vestuario del Madrid dicen que Dudek "hace grupo". Quizás eso también le viene de su pasado minero. "En la mina no puedes sobrevivir sin tu compañero. La gente se ayuda. Estamos todos unidos".

Y aunque no se le recuerda una buena parada en el Real Madrid, el tipo no pierde la fe. También cuestión de mineros. "La minería es como una religión y la religión es una parte de la minería. Los polacos son muy católicos y tienes que creer en algo si vas a bajar ahí todos los días. Tienes que pensar que Dios está de tu lado".

Por eso Dudek alucinó el día en que el verdadero ídolo polaco, Juan Pablo II (que en su juventud también fue guardameta) le recibió con motivo de un Italia-Polonia. Dudek, que ya había ganado la Champions (en aquella tanda ante el Milan donde resucitó los mimos simiescos de Grobelaar) y fue el elegido para entregarle al Papa una camiseta con su nombre a la espalda y, claro, el número uno. El portero del Madrid estaba tan nervioso... que la perdió en el trayecto al Vaticano.

Milan Baros, acojonado

Cuenta Dudek que él nunca se dio cuenta de lo que verdaderamente era una mina hasta que, ya futbolista invitó a varios amigos a su pueblo y organizó un descenso con Baros, Srmicek y otros. "Salieron acojonados. Es oscuro, estrecho y peligroso... pero un minero no piensa cada día en el peligro. Si no, no bajaría". Algo así como un portero no piensa que el Alcorcón te va a meter 4. Si no, no volvería a ponerse los guantes.

La verdad es que los mineros, esos carasnegras jugándose la vida por cuatro duros (zlotys, en el caso de los Dudek), siempre han suscitado la admiración del inconsciente colectivo. Unos pensarán en Los Miserables, otros en el "y templé mi corazón a pico y barrena", a cada cual lo suyo, pero los mineros han sido siempre algo así como los espartanos contemporáneos.

El fútbol tiene su ración de mineros: Raymond Kopa, el francés de origen polaco, trabajaba en la fosa 3 de la mina de Noeux, o Bill Shankly, el alma del Liverpool.Y ese misticismo tiznado de las minas ha convertido también a Tuilla en el pueblo más famoso de España. Pero Villa nunca bajó a las galerías. Era un travieso que no daba palo al agua, aunque su abuelo se llamase Trotsky y sacase el carbón a mordiscos de las entrañas asturianas. Dudek sí sabe lo que es apretar el botón y sentir el traqueteo mientras van pasando galerías.

Por eso el polaco sonríe en todas las fotos como el chaval al que le acaban de regalar su primer balón. Por eso el tío disfruta de su jubilación pagada por Florentino. Por eso está encantado de tener el mejor trabajo del mundo.